Relato Era una noche de otoño en Fangorn. Una ruidosa tormenta azotaba el bosque. Un grupo de orcos perseguía a su presa desde el valle hasta el bosque. Esa presa era una mujer. Rondaba los treinta años y tenía moratones y arañazos por todo el cuerpo. La persecución se prolongó hasta entrado el bosque de Fangorn. Los orcos parecían que iban a alcanzar a su desesperada presa. Esta ya no aguantaba más. Su conciencia le decía que debía huir, pero su cuerpo no daba más de si...





Acto uno

Capítulo II

El nacimiento del guardián

Era una noche de otoño en Fangorn. Una ruidosa tormenta azotaba el bosque. Un grupo de orcos perseguía a su presa desde el valle hasta el bosque. Esa presa era una mujer. Rondaba los treinta años y tenía moratones y arañazos por todo el cuerpo. La persecución se prolongó hasta entrado el bosque de Fangorn. Los orcos parecían que iban a alcanzar a su desesperada presa. Esta ya no aguantaba más. Su conciencia le decía que debía huir, pero su cuerpo no daba más de si.

Cayó al suelo de agotamiento y apenas pudo sostenerse. Los orcos ya la habían alcanzado y habían dispuesto sus afiladas espadas para finalizar su cometido. Para el asombro de la mujer, esta acción no se produjo. Los orcos parecían haberse quedados paralizados. El árbol que se encontraba justo detrás de la mujer se despertó y abalanzó sobre los anonadados orcos. Este no era un árbol, si no un Ent. El Ent golpeó con su largo brazo a uno de los orcos, los demás huyeron pero pocos consiguieron salir ilesos del furioso bosque.

El Ent recogió a la mujer que se encontraba tendida en el suelo. El impacto le había hecho desmayarse. Este alto y joven Ent llevó a la mujer a su casa Ent. Cuando la mujer despertó se sobresaltó de ver al Ent. Pero este susto, tras diversas explicaciones, la sorpresa pasó a calma y más tarde a agradecimiento. El joven Ent se llamaba Bregalad y no era muy amigo de los orcos. Bregalad era alto y esbelto. Se podría decir que no había alcanzado mucha edad, si lo miramos desde el punto de vista de los Ent.

-Pero qué hacía una humana huyendo sola de esos orcos.

La mujer le contó su historia. Su nombre era Colifler y procedía de Bree. Por temas de comercio tuvo que ir junto a su marido a Rohan pero por el camino unos salvajes hombres de Dunlan les asaltaron. Estos hombres mataron a su marido y la raptaron. Ella consiguió escapar, pero Drindulth, el líder de los salvajes hombres, negoció con un grupo de orcos vagabundos para que capturaran de nuevo a Colifler.

Tras esto la mujer calló, una amargura le envolvió el corazón. Bregalad, al notar esto le preguntó que le ocurría. Esta respondió con voz turbada: “Llevo en mi interior un hijo de Drindulth”.

Pasaron los meses y Colifler se fue recuperando de sus heridas. Se sentía reconfortada en Fangorn. Bregalad la había tratado como nunca un hombre antes le había tratado. A los nueve meses tuvo al fin a su hijo. Pero el parto se complicó y Anaia acabó muriendo. En su lecho de muerte dijo que quería que su hijo se llamara Froid. Nunca se supo por qué eligió ese nombre.

Froid se crió en el bosque, con la educación que Bregalad le inculcó. Este le enseño los cantos de las razas compuestos por los Ent. Le enseñó a distinguir una gran variedad de árboles y todo lo que les rodeaba. Cuando creció aprendió a cazar, siempre animales que se encontraban fuera de Fangorn. Froid creció y se convirtió en un hombre alto y fornido. Adaptado a las duras condiciones de la naturaleza.

A los veinte años de edad, Bregalad le contó la historia de su madre. Todo lo que ella le había narrado durante los nueve meses de embarazo a Bregalad. Desde su viaje por comercio a Rohan, hasta el fatal incidente con el líder de los hombres salvajes de Dunland. Esta historia hizo sentir a Froid una pena descomunal y se retiró corriendo y llorando. Pero Bregalad no supo lo que Froid pretendía hasta que notó la ausencia del rudo arco que este usaba para cazar.

Bregalad corrió todo lo rápido que se permitía correr un Ent. Pero en esta carrera por alcanzar a Froid se le interpuso un viejo Ent. Este le habló sobre unos extraños grajos que habían emigrado hacia el bosque. Pero Bregalad impaciente le contestó que sí incluso antes de que el otro Ent formulara alguna pregunta. Tras eso siguió su apresurada persecución. Calló ya la noche y una fina llovizna se convirtió en una pesada lluvia de gotas gruesas.

Cuando al fin Bregalad alcanzó a Froid, este ya no era el mismo niño que se había criado durante esos años en Fangorn. Froid tenía una mirada penetrante llena de una rabia incontenible. En su mano derecha sostenía una larga espada bañada en sangre. Pero lo que llamaba la atención en esa figura bajo la lluvia no era esa nueva espada. En su mano izquierda sostenía la cabeza de Drindulth.

Froid había muerto y acababa de nacer el guardián del bosque.


***



Pasaron los años sin muchos incidentes en Fangorn. Froid solía vigilar las afueras del bosque, y si algún trasgo desprevenido se atrevía a acercarse demasiado al bosque no terminaba bien parado.

Fue una mañana de principios de primavera cuando se percató de un extraño huésped que se había asentado en el bosque la noche antes. No tardó en descubrir que se trataba de un elfo al recordar los cantos que Bregalad le hubo enseñado en su infancia. Observó detenidamente al elfo sin que este se percatara de su presencia. Imaginaos lo sigilos que debía de ser Froid para no alertar la elfo.

Para su sorpresa, un grupo de guerreros dunlendidos se aproximó al bosque, y desde allí el elfo les atacó. Pero, cuando solo quedaba el último de estos guerreros, el elfo fue derrotado. Cuando el salvaje hombre fuera a acabar con la vida del elfo, intervino Froid. Este abatió con una precisa flecha en la garganta al fornido hombre. Salió de entre la maleza y se dispuso a hablar con el elfo.

-Mi nombre es Froid y tienes un minuto para explicar por qué has traído el enemigo hasta Fangorn.

Flundir sorprendido se incorporó y observó detenidamente a Froid. Este era joven, ya había alcanzado la edad de treinta años. Un descuidado pelo largo se deslizaba hasta los hombros y una poblada barba le cubría la cara. Al ver la impaciencia del hombre habló.

-Mi nombre es Flundir. Soy un elfo del Bosque Negro. Salí de allí con once compañeros más, pero fueron abatidos por estos mismos guerreros de Dunland. Vine aquí para atraerlos hacia una trampa y acabar con ellos, pero si no llegas a estar aquí no habría pasado de este día. ¿Quién eres?

-Como ya he dicho mi nombre es Froid, y soy guardián de Fangorn y de la gente que lo habita.

-¿Gente?-Pregunto sorprendido Flundir.

-Así es. Los árboles y sus pastores son las gentes de este bosque. Que, aunque no lo creas, está mas vivo de lo que parece-Respondió burlón Froid-. Pero qué hacían elfos del Bosque Negro por estos territorios.

Flundir le explicó el cometido inicial de la expedición. Le habló sobre los enanos y sobre los Enör de los bosques.

-Reclamáis un material propio de este bosque. Eso no está en mi deber decidirlo. Llamaré a Bregalad y veremps lo que él dice. Quédate aquí, ahora mismo vuelvo.

Y así hizo. Al rato llegó Bregalad. Tanto Bregalad como Flundir se observaron largo rato. Flundir le contó la misma historia que había contado anteriormente a Froid. Bregalad dijo que esto había que ser tratado en la cámara de los Ent y así se hizo. Tras tres largos días de debate se llegó a la conclusión de que se le daría el Enör al elfo, ya que a estos los Ent les debían mucho, pero con la condición de que Froid, fiel al bosque de Fangorn le acompañara en su viaje hasta Moria.

-Acompañame pequeño elfo-Dijo Barbol que era el principal representante de la cámara Ent-. Te llevaré hasta el corazón del bosque.-Tomó a Flundir y a Froi y los acomodó en sus hombros.

Barbol caminó largamente hacia el norte. Acercándose al centro centro del bosque. Tras medio día de caminata llegaron a su destino.

-Contempla joven Flundir el corazón del bosque.

Habían llegado a un valle redondo por donde cruzaba el río. El valle se encontraba presidido por un gran árbol de ojas frondosas que tapaba el cielo estrellado. Este árbol poseía unas flores plateadas que iluminaban el ambiente con luz de luna. Aunque fuerte y robusto, el árbol parecía tener miles de años.

-Este es el corazón del bosque y estáis ante Aincorm, el más antiguo de los árboles de Fangorn. Él posee el espíritu del bosque, o como vosotros lo llamáis, Enör. Es un material muy valioso y no ha de utilizarse en contra de la naturaleza, porque entonces este te provocaría la muerte. Extraere el Enör y os lo confiaré.

Barbol colocó su mano sobre el viejo árbol y, como si una raíz se introdujera en la tierra, estiró sus largos dedos dentro del árbol. Tras un instante, Barbol extrajo del árbol una gema brillante y plateada. Del tamaño de un melón, pero tan lustroso como toda la plata del mundo. Tras esa acción, las luces que emitían las flores del gran árbol se apagaron, como si Barbol le hubiera extraído una batería al viejo árbol.

Depositó el Enör en las manos del elfo y el mágico objeto se encogió hasta lograr el tamaño de una manzana.

-Ya conseguiste lo que viniste buscando en un principio. Marcha ahora a la tierra de los enanos a otorgarle el mayor presente que jamás contemplarán sus ojos.

Cuando llegó la mañana del día siguiente ya se habían trasladado a la frontera norte del bosque. Habían estado de viaje toda la noche por lo que no habían descansado, cosa que no les importaba mucho a los dos caminantes. Pero decidieron tomar un descanso antes de emprender su último viaje. El itinerario era avanzar hasta el bosque de Lothlorien y desde allí, sin demorarse mucho, marchar hasta Moria.

Cuando el sol estaba en su máximo esplendor, Flundir y Froid ya estaban preparados para marchar. Los Ent les habían preparado una bota a cada una con esa agua mágica del río, que te reconfortaba y nutría. Por fin a la tercera sexta hora del día marcharon hacia la mina del enano.

Fin del acto uno.



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