Relato

13 de marzo de 3019 de la Tercera Edad, dos días antes de que Mordor caiga sobre la Ciudad Blanca la Comarca permanece tranquila. Los hobbits desayunan tranquilos en sus agujeros, los más madrugadores observan sus cosechas y los más dormilones se quitan aún las legañas de los ojos.
Desde sus casas, cosechas o tabernas todos oyen una voz que pide ayuda. Muchos acuden a la llamada desesperada de un hobbit herido, con las ropas destrozadas y el rostro ensangrentado, se trata de Tony Piesmojados, que casi sin respiración explica lo sucedido:

- Estaba trabajando mis tierras cercanas al Puente del Brandivino cuando de repente el suelo empezó a retumbar bajo mi pies, creía que se trataría de una alucinación ya que antes de empezar a trabajar me tomé una o dos cervezas, pero cuando me giré todo fue real, al menos un centenar de Gente Grande con espadas y hachas se acercaba, parecía que pasarían de largo pero dos de ellos me cogieron, me arrastraron por el suelo y me dijeron que corriera hasta Hobbiton para decir que al mediodía los hobbits les lavaríamos la suela de las botas con la lengua, dijeron que nos iban a matar a todos, dijeron que nos preparásemos para la batalla.-



Los hobbits no sabían que hacer, unos decían que no podían luchar, otros que no sabían luchar, sólo algunos cojieron sus armas de las vitrinas para defender a sus familias:

- ¡No podemos dejar que destruyan Hobbiton!, ¡tenemos que defendernos!.- Decía Gwildo Hierbaseca.

- ¿Para qué molestarnos?, ellos son grandes y fuertes, nosotros pequeños y débiles...- Decían la mayoría.

-¡Tal vez!, pero es nuestra tierra, ¡nuestro hogar!, no tenemos que hacerles frente directamente, ¡podemos preparar trampas!, ¡atacar desde los árboles!, en ésta batalla debemos utilizar la inteligencia y ¡la ventaja de luchar en casa!.- Volvió a decir Gwildo.

- ¿A qué te refieres?, míranos, estamos asustados, ¿crees que podemos empuñar armas cuando ni siquiera podemos controlar nuestras manos?. Lo mejor sería rendirnos y suplicar por nuestra vida.-

- ¿¡¡No has escuchado lo que Tony ha dicho!!?, ¡¡nos matarán a todos!!, pero podemos decidir si morir con honor o morir con miedo y susto,..., ¡¡yo lucharé!!, ¡que me sigan los que quieran defender todo por lo que han trabajado!, los demás id a la colina, ¡refugiáos en el bosque!, ¡¡en marcha guerreros de la Comarca!!.-

Gwildo se dio la vuelta y se fue hacia un llano cercano, los otros hobbits se miraron entre sí, otros ni siquiera levantaban la mirada:

- ¡Ahhhhhh!, ¿cómo he podido ser así?, ¡espera Gwildo!, ¡¡yo lucharé a tu lado!!.-

Otros sonrieron y marcharon detrás, muchos hobbits bajaron hacia el llano, todos armados; rastrillos, hozes, lanzas, palos, todos llevaron consigo algo para defender la Comarca.

Allí comenzaron a tramar un plan:

- Ya he hecho el recuento, Gwildo. Somos cincuenta y séis efectivos, y ellos son al menos un centenar, quizá más...-

- Tony había bebido, quizá viera el doble. ¡Con los que somos ya les podemos hacer frente!.- Dijo Gwildo, que ataviado con una cota de malla y con un casco de bronce fue elegido capitán. Bebió un sorbo de su copa y se dispuso a hablar otra vez:

- ¡Bien!, combatiendo cuepo a cuerpo no duraríamos nada, ¡nos dividiremos!. Esos pendejos tendrán muchas bajas antes de llegar a esa situación. Dos grupos de arqueros de al menos dieciséis efectivos se esconderá en los flancos, será como una especie de emboscada. Tras cuatro oleadas de disparos por parte de cada grupo arrojaréis los arcos y huiréis, pareciendo que sóis los únicos defensores, defensores cobardes que huyen porque creen que ya no pueden hacer nada más. En ese momento atacará de frente nuestra infantería, atacaremos con todo, después de ello los arqueros asustados apareceréis por detrás nuestra, esta vez con las armas que os dejaremos en la colina. Si todo sale bien, la batalla será nuestra.-


Al mediodía las mujeres, niños y otros hobbits que no se atrevieron a luchar se ocultaban en las pequeñas zonas boscosas. Mientras tanto, las pequeñas tropas ya estaban es sus puestos, los arqueros estaban en los flancos, y la infantería se escondía detrás de otra colina:

- ¡Chiss!, ¡eh! ¡Lobelio!, ¡dame un poco de tarta!.- Dijo Pichín, un arquero algo parlanchín.

- ¡De ningun manera!, me la ha preparado mi mujer para el almuerzo, ¡y quizá sea el último!, ¡hubieras comido antes Pichín!.- Le contestó Lobelio.

- ¡Pues si es así morirás como un rácano!, quizá esos grandotes se hayan asustado, ¡o quizá Tony nos has gastado una broma pesada!, ya sabes que le gusta demasiado la cerveza del Dragón Verde...- Volvió a decir Pichín.

- ¡Eh!, calláos allí atrás, se están acercando...- Dijo el capitán de la compañía de arqueros.


Y así era, los hombres se acercaron, pero no eran hombres del todo, algo realmente malvado tenían en su interior, eran bizcos y algo torpes, sirvientes de Saruman, medio orcos, pero igual de sanguinarios que "sus" parientes. Portaban machetes de gran tamaño, algunos empezaron a incendiar los campos mientras otros llamaban a los hobbtis:

- ¡Ey pequeñines!, ¿dónde estáis?, no os vamos a hacer daño, ¡sólo que vuestros cadáveres nos vendrían bien de felpudo! ¡jaaa!.-

Tony Piesmojados no había informado mal, eran al menos cientoveinte sirvientes de Saruman los que se postraban ya entre los dos grupos de hobbits escondidos. A una señal de los respectivos capitanes, los hobbtis comenzaron a disparar:

- ¡Cuidado! ¡una emboscada! ¡¡protegéos!!.-

Pocos lograron hacer un círculo de escudos donde quedaron a salvo, quedando la mayoría al descubierto, cosa que los arqueros aprovecharon. Los hobbits tenían buena puntería pero no sabían elegir el punto exacto para matar a sus enemigos, por lo que muchos cayeron al suelo con flechas en los muslos, piernas y hombros:

- ¡Al pecho!, ¡¡apuntad al pecho!!.- Gritaban los capitanes.

Tras las cuatro oleadas de disparos los medio orcos comenzaron a avanzar contra los flancos, algunos hobbits murieron atravesados por lanzas, pero la mayoría consiguió huir. Lobelio alcanzó con su último disparo la frente de un enemigo, pero cuando se diponía a correr otro medio orco salido la nada le agarró:

- ¡Rata inmunda!, ¡ahora verás lo que es bueno!.-

Cuando Lobelio esperaba a que le hoja le atravesara cerró los ojos, tras ver que no sentía dolor los abrió y vio al medio orco en el suelo quejándose de una herida en la cabeza:

- ¡Vamos Lobelio!, ¡¡espero que a partir de ahora no te quejes de mi puntería con las piedras!!- Dijo Pichín.

- ¡Gracias Pichín!, ¡toma lo que me queda de tarta!.-
- ¡¡Déja eso Lobelio!! y ¡¡sigue corriendo!!.- Terminó diciendo el valiente Pichín.


Los medio orcos creyeron de veras que los arqueros eran los únicos hobbits que se atrevieron a plantarles cara, por lo que decididos avanzaron para destruir todo lo que se les pusiera delante, pero algo asomó en la colina, una sombra galopaba un pequeño caballo, desenvainó su espada y gritó -¡¡A ellos defensores de Hobbiton!!-
Gwildo ordenó atacar de frente, sólo él tenía montura, pero los valientes hobbits le siguieron sin dudar. Los medio orcos también cargaron y el choque entre los dos bandos fue terrible: Gwildo le cortó el cuello al primer oponente que se le puso delante, cosa que hizo con el segundo, tercero y cuarto enemigo, pero el quinto logró desmontarle. El capitán hobbit cayó de mala manera fracturándose la tibia, pero con un gesto de auténtico guerrero se levantó y logró ajustarle las cuentas a su quinta víctima. Los demás hobbtis también lucharon con valentía, pero sus fuerzas empezaban a flaquear y muchos cayeron. Cuando los medio orcos creían superar al batallón hobbit otros gritos se oyeron detrás, las dos compañías de arqueros esgrimían toda clase de armas, y con furia cargaron contra sus enemigos. De nuevo los hobbits tomaron ventaja, la victoria ya era de ellos pues muchos de sus enemigos ya yacían en las verdes praderas o moribundos se arrastraban entre charcos de sangre. Gwildo seguía matando a los enemigos que se le ponían delante, los que se atrevieron a perturbar la paz de la Comarca ya huían, su número ya no alcanzaba ni la veintena, y el gran héroe de la batalla, Gwildo, levantaba su arma en señal de victoria. Pero de repente una flecha le atravesó el corazón, pues un medio orco había arremetido contra el capitán de una forma rastrera. En seguida el medio orco cayó atravesado por las lanzas de un par de hobbits que no estaban lejos de él. Gwildo se desplomó bajo la triste mirada de todos sus guerreros.
Y allí, en la verde colina bañada por la sangre de casi un centenar de sirvientes de Saruman, y por la de al menos treinta hobbits, el gran Gwildo fue enterrado entre lamentos y honores.

Los hobbits lograron hacerse con la victoria en la batalla, demostrando así que para nada era una raza débil. Y a esa batalla se la llamó la de Gwildarnin, en honor a su capitán.

Undrin.

Comentarios  
Eorlinga
#1 Eorlinga 20-05-2005 06:26
Que maravilla, poder expresar ideas en palabras, sigue así Undrin vas por buen camino, tienes talento para escribir.

No se cuando se escribio este articulo pero es de lo mejor de la web.
alatar
#2 alatar 20-05-2005 15:47
está bien... por lo menos no solo los buenos ganan!!!!!!!
ya volverán los servidores de Zarquino, y entonces los hobbits no podrán hacer nada :-)
Undrin
#3 Undrin 24-05-2005 09:37
Gracias a los dos, es un honor para mí que os guste el relato.

Eorlinga, el relato es bastante antiguo y de hecho también está publicado en otra web, aunque con algunos cambios y añadidos que realizé para la ocasión. Por si tienes algo de tiempo libre maestro aquí esta el link:

http://www.ociojoven.com/article/articleview/905958/


Un saludo.
gammelin
#4 gammelin 26-11-2005 11:37
Me parece genial ke alguien eskriba relatos sobre el pueblo hobbit bastante olvidados en las idas y venidas de los miles de relatos de el señor de los anillos y viva GWILDO :D
Sturm BigBlade Caballero
#5 Sturm BigBlade Caballero 11-08-2006 12:07
Me gusta mucho tu relato
Undrin, y la batalla muy guapa te doy un 10 :D

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