lock EL DESAFÍO 2025. AGOSTO. FINAL

02 Ago 2025 17:22 #350351 por karavatis
Y las fotos de la compañía acabada. Cuantas más fotos mejor, y al menos una con todas las miniaturas juntas.
El tema ha sido cerrado.
18 Ago 2025 11:20 #350414 por karavatis
Me voy en unos días de viaje y volveré casi con el tiempo justo, así que he decidido apretar y dejarlo todo hecho antes de irme.

EL DESAFÍO


Por tercer mes consecutivo voy con una compañía de Ents, en esta ocasión dos más con la misma fisionomía y distinta pose. He intentado diferenciarlos no ya con conversiones como se verá luego, sino con un pintado diferente para cada uno.



Veamos cada un por un lado.




Y aquí el mismo sin la cara de quita y pon que le he puesto.




Un detalle de las dos caras distintas:




Y el segundo, este en tonos más claros y ocres y verdes en las hojas y barba.




EL DESAFÍO PERSONALIZADO


Este mes he vuelto a conversionar las dos figuras, una levemente y la otra sí con algo más claro.
Para empezar indicar que ambas miiaturas son de Epic Miniatures, hay tres modelos, el del mes pasado que iba a cruzar el puente, y estos dos, los recomiendo, aunque hay que escalar un poco y ahí es donde Liberto Studio ha hecho la magia para que tengan unas proporciones excelentes.
Y bueno, el trabajo de conversionado. Comienzo por el simple. En este caso lo único que hice fue cortar algunas de las ramas que salen sobre todo de la espalda, ya que lleva el mismo diseño que el otro, solo que con diferente pose, y se las pegué luego en otra posición para eso, para diferenciarlos más claramente.


Aquí el original.




Y la conversión.




Y el segundo modelo, al que principalmente lo que le he hecho es


El original.




Y el proceso de esculpido de la cara…



Y ya lo que queda es el trasfondo para estos dos nuevos Ents.

LA LLAMADA DE BÁRBOL SE AMPLÍA

El pequeño bosque de Ladros se encontraba en un umbral incierto, allí donde el verano se despedía con retazos de calidez y el otoño extendía ya su manto rojizo sobre la tierra rocosa de las montañas. Era un bosque muy pequeño y alejado, rodeado de riscos y colinas que protegían sus árboles de las manos curiosas de viajeros o criaturas que pasaban. Las hojas caían lentamente, como brasas apagadas que descendían del dosel arbóreo, y el fuerte viento de las cumbres sin nieve en esa época del año llevaba consigo un murmullo profundo, antiguo incluso para las raíces más viejas. Cada rama que se mecía, cada hoja que crujía al caer, parecía susurrar secretos que solo unos pocos podían escuchar.

Aquel susurro no era el canto habitual de los pájaros ni el crujir de ramas cansadas: era algo distinto, una vibración que nacía en la entraña de la tierra misma y alcanzaba hasta los oídos de los Ents dispersos en la vasta espesura de la Tierra Media. Allí vivía y cuidaba de su rebaño de árboles Uoron, robusto como un roble en plena madurez de otoño, cuya corteza mostraba tonalidades rojizas y de cuyas ramas amplias colgaban hojas encendidas que parecían pequeñas lenguas de fuego cuando el viento las agitaba. Su silueta destacaba entre los claros, y al caminar emitía un crujido profundo, como si la misma tierra resonara con sus pasos.

Sus raíces se aferraban a la tierra donde crecían líquenes grises y hongos irregulares. Caminaba con calma entre claros cubiertos de hojas caídas, escuchando el crujir bajo sus pasos, consciente de que el otoño no era muerte sino maduración y fortaleza. Se aproximaban las lluvias y siempre en esta época hacía una ronda para ver qué tal estaban sus árboles; quería asegurarse de que las raíces estuviesen preparadas para los intensos vientos que estaban por llegar y para las lluvias torrenciales que se aproximaban. Faltaban aún semanas, pero él ya podía olerlas, notar cómo la savia se hacía más densa. Así era él: paciente y preparado, aunque un desasosiego reciente agitaba su interior.

Aunque llevaba muchísimo tiempo sin tropezar con nadie con quien pudiera hablar, él lo hacía a diario con sus árboles, a los que contaba historias de forma velada, y recibía respuestas entre susurros del viento, a pesar de la soledad, cada día era para él una nueva experiencia, y eso le hacía mantenerse vivo. Aquel día, en su camino por el bosque, y al detenerse bajo la sombra de un abeto anciano, su mente viajó a recuerdos de juventud, cuando la curiosidad y la impaciencia eran más fuertes que la prudencia. Recordaba los primeros años caminando entre los claros y riachuelos, torpe aún, con ramas que se enganchaban en su corteza y raíces que a veces le hacían tropezar. En aquellos días había aprendido a escuchar el bosque con los sentidos abiertos, a reconocer los susurros del viento y la diferencia entre la tierra húmeda y la roca que apenas podía sostener una raíz. Fue entonces cuando comprendió que la paciencia no era mera quietud, sino un conocimiento profundo de la tierra, un diálogo silencioso con cada árbol que se tocaba, con cada hoja que caía. Cada error cometido se transformaba en enseñanza, y cada enseñanza se alojaba en la savia de su corteza, fortaleciéndolo para los años que vendrían.

Aquella mañana, mientras Uoron caminaba por un claro cubierto de hojas que crujían bajo sus pies, un pequeño destello de color se movió entre las ramas bajas de un roble anciano. Una diminuta mariposa, con alas de tonos azules y dorados, se posó sobre su mano extendida. Sus movimientos eran rápidos y delicados, casi temblorosos, como si el aire mismo contuviera un mensaje que debía entregarse con cuidado. Uoron la observó en silencio, dejando que su mirada siguiera los giros y revoloteos hasta que, finalmente, posó su delicada patita sobre la corteza de su brazo. En un instante que parecía un susurro del bosque, entendió lo que traía: palabras que viajaban desde los rincones más remotos de la Tierra Media, un mensaje urgente y solemne.
—Todos los Ents… —murmuró Uoron, escuchando cómo la savia vibraba en su interior—…han sido llamados a reunirse. Hay un enemigo… un enemigo que no se puede ignorar.

La mariposa, como si entendiera la gravedad de aquello, revoloteó alrededor de su rostro antes de desaparecer entre las hojas, dejándolo con una sensación de frío en la corteza, un escalofrío que era más consciente que físico. Uoron cerró los ojos y dejó que los recuerdos de sus primeras reuniones con otros Ents emergieran: el estruendo silencioso de pasos gigantes, la calma profunda de las decisiones tomadas bajo la luz del sol filtrada por copas antiguas. Recordó cómo había aprendido que incluso la fuerza de un bosque no bastaba si no se unían quienes compartían raíces y savia. Y ahora, esa lección parecía llamar nuevamente a su conciencia.

Mientras se adentraba más en el bosque, comenzó a sentir el murmullo de los árboles como un coro que repetía el mensaje de la mariposa: había que reunirse, había que decidir. Algunas ramas se inclinaban hacia él, otras caían ligeramente, como si el bosque mismo respirara con anticipación. Los líquenes colgaban más densos, atrapando la luz del sol que se filtraba entre las nubes bajas, y percibió en cada rincón de su hogar la urgencia que había traído aquel pequeño ser alado. Sintió nostalgia de los años de juventud, de la curiosidad que lo había llevado a explorar cada recoveco del bosque, y comprendió que ahora su experiencia debía ser un faro para los demás.

Más al este, entre los pliegues rocosos de Ered Luin, Ashensat se movía entre los claros y riscos de las Montañas Azules que se extendían ante él con un aire antiguo y silencioso, como si cada roca, cada grieta y cada ladera guardara historias olvidadas. Desde la distancia, las cumbres parecían teñidas de un azul profundo, un reflejo del cielo y la niebla que se colaba entre los riscos, y los valles se hundían en sombras frescas donde apenas crecía el bosque. El viento recorría las crestas y los barrancos, llevando consigo el olor de la tierra húmeda, de los líquenes y de los arroyos que descendían saltando entre las piedras. Ashensat encontraba allí a sus árboles formando grupos dispersos y pequeños que luchaban por sostenerse en suelos pobres, rodeados de piedras y flores blancas que parecían milagros frágiles en un mundo duro. Todo a su alrededor le hablaba de resistencia y memoria: de caminos antiguos que ya nadie recorría, de raíces que habían sabido aferrarse a la roca durante siglos, de ecos que viajaban por el aire y la tierra hasta llegar a quien supiera escucharlos.

Su figura era esbelta y nerviosa, con corteza pálida y grisácea que se confundía con las piedras y la neblina que a menudo se colaba entre los picos. Sus ramas apenas sostenían unas pocas hojas verdes, pequeñas y resistentes, que se agitaban con cada ráfaga de viento.

En la soledad de esas cumbres, Ashensat había aprendido a escuchar los ecos de la tierra, los crujidos de las raíces profundas y los murmullos que viajaban por los arroyos. No necesitaba más compañía, y estaba a cargo de varios pequeños grupos de árboles separados por laderas peladas, en las que solo algunas plantas de florecillas blancas crecían, luchando por mantenerse en un suelo poco fértil. Cada día recorría esas pendientes, midiendo la salud de cada árbol, palpando la corteza, observando la inclinación de las ramas, notando cualquier signo de enfermedad o fatiga.
Una vez, mientras inspeccionaba una ladera particularmente seca, escuchó el murmullo de un arroyo que apenas llegaba a fluir. Allí encontró un pequeño grupo de arbustos jóvenes, casi secos por la falta de agua. Con cuidado movió algunas piedras para desviar el agua hacia ellos, ajustando el curso con manos y raíces que parecían dialogar con cada brote. Pasaron días en los que permaneció allí, comprobando que el flujo fuera suficiente, tapando fugas, moviendo hojas caídas y pequeñas ramas que bloqueaban la corriente. Cada noche, al volver al claro más alto, se detenía a mirar el cielo estrellado, escuchando cómo la tierra se asentaba bajo sus pies y los brotes absorbían la humedad lentamente. Al cabo de semanas, los arbustos comenzaron a erguirse, sus hojas verdes más firmes y su savia más viva, y Ashensat sintió una alegría silenciosa, una conexión profunda con la vida que crecía lentamente, sostenida únicamente por su paciencia y atención constante. Ese triunfo silencioso, sin más testigo que la bruma nocturna y las rocas que crujían bajo su corteza, le recordó por qué había elegido la soledad de las montañas: la tierra hablaba, y él debía responder con cuidado y constancia.

Hasta allí llegaban los rumores de lo que ocurría muy lejos, donde orcos y otros seres se dedicaban sin pausa a acabar con bosques enteros, y cada sombra y cada rumor de tala le encendían la savia; había aprendido a moverse con rapidez y cautela, a golpear cuando la necesidad lo exigía y a retirarse cuando la prudencia mandaba. No es que tuviese encuentros con ese tipo de seres muy a menudo, sus dominios estaban lo suficientemente alejados de todo como para que solo cada varios años se topase con algún grupo de orcos, pero cuando esto sucedía, sabía defender a sus árboles sin vacilar. Sus golpes eran precisos, aprovechando la fuerza del viento y la inclinación del terreno, dejando a sus enemigos lejos del bosque antes de que pudieran volver a acercarse.

Los días pasaban entre recorridos por pendientes y barrancos, vigilando la vida y la muerte del bosque, escuchando el flujo del agua, la caída de piedras y la vibración de la roca bajo sus raíces. Y aún así sentía un ardor constante: algo en el mundo cambiaba, un rumor lejano que aún no podía comprender completamente, pero que su instinto ya reconocía como un llamado a despertar. Por las noches, cuando la niebla se espesaba y los claros quedaban sumidos en penumbras, Ashensat se sentaba sobre una roca, tocando la corteza de un árbol anciano y dejando que la savia de ambos se comunicase en silencios que solo ellos entendían. La montaña parecía susurrarle, y él comprendía que no era un simple viento o un crujido; era algo más profundo, un aviso que cruzaba millas y ecos hasta la memoria misma de los Ents.

Ashensat sintió un cambio en el aire, un susurro diferente al de los arroyos y los barrancos. Una pequeña ave de plumaje gris con un brillo azulado se detuvo en la rama que se inclinaba sobre su hombro. Sus ojos negros eran intensos, y su canto, apenas un hilo de notas, parecía encerrar urgencia. Ashensat inclinó la cabeza y extendió la mano, dejando que la criatura lo tocara con delicadeza. El mensaje llegó con claridad: el llamado de todos los Ents, la necesidad de reunirse y decidir cómo enfrentarse a un enemigo que amenazaba con devorar bosques y quebrar la memoria misma de la tierra.

Permaneció inmóvil, sintiendo la vibración de la montaña a través de sus raíces. La idea de abandonar sus claros dispersos le causaba un nudo de savia en el pecho, pero comprendió que la voz que llegaba no era un rumor cualquiera; era un eco que atravesaba millas y ecos, una advertencia que él había aprendido a reconocer. Recordó la pequeña victoria con los arbustos jóvenes, la paciencia invertida en cada piedra movida, en cada rama ajustada; y entendió que ese mismo cuidado, multiplicado por la fuerza de todos los Ents, sería la única esperanza frente a lo que se avecinaba.

Comenzó a ascender con movimientos medidos y cuidadosos, asegurándose de no perturbar a los pocos árboles jóvenes que aún dependían de él. Cada paso llevaba consigo un diálogo con la tierra: escuchaba cómo los líquenes se ajustaban a la humedad, cómo las raíces profundas se afirmaban en la roca. La montaña le susurraba antiguos nombres, antiguos caminos que solo él conocía, y en medio de ese eco encontró fuerza. Si debía marchar hacia una reunión de todos los Ents, no sería como un invitado temeroso, sino como un guardián que sabía leer cada pulso de la vida en su entorno.

Alcanzó un claro alto, donde el viento silbaba entre las piedras y el horizonte se abría en un mosaico de azul y gris. Allí se detuvo, cerró los ojos y dejó que su corteza absorbiera la vibración que traía el mensaje. No era miedo lo que sentía, sino un reconocimiento profundo de responsabilidad: un llamado que había atravesado todo el bosque, que había viajado por corrientes de aire y eco de arroyos hasta llegar a cada Ent que podía escuchar. Su corazón de madera latía con fuerza, sabiendo que el tiempo de la vigilancia solitaria había terminado; ahora había que unir fuerzas, enfrentar la amenaza inabarcable y proteger la memoria viva de los bosques.

Y así, mientras los vientos del otoño agitaban las hojas rojizas del bosque de Ladros y las cumbres azules de Ered Luin brillaban con niebla y sol intermitente, Uoron y Ashensat recibieron el mismo mensaje en sus caminos separados. Cada uno sintió la urgencia, cada uno comprendió la magnitud de la amenaza. Las criaturas pequeñas que portaban la noticia desaparecieron pronto entre el aire, como si fueran fragmentos del bosque mismo, pero dejaron en ambos Ents una certeza profunda: había llegado el momento de reunirse con todos los demás, de unir raíces, corteza y savia en un propósito compartido. El mundo había cambiado, y con él, la antigua calma de los bosques debía transformarse en acción.

El murmullo del viento parecía ahora un canto de preparación, y las hojas caídas crujían bajo sus pies y raíces como si celebraran el despertar de algo mucho más grande que ellos mismos. Uoron respiró lentamente, tocando cada árbol con suavidad antes de iniciar su camino hacia los claros donde se reunirían los suyos, mientras Ashensat ascendía la pendiente final de su dominio, sintiendo en cada roca y en cada raíz la llamada que los atravesaba a todos. Ambos sabían, sin necesidad de palabras, que los Ents debían actuar juntos. Y mientras la luz de la mañana se filtraba entre los árboles y los riscos, el bosque entero pareció contener la respiración ante lo que estaba por venir.
El tema ha sido cerrado.
26 Ago 2025 09:12 #350435 por Chedunita
Voy a dejar fotos finales del proyecto, que le he tirado unas cuantas






Y la foto family
El tema ha sido cerrado.
28 Ago 2025 06:51 #350439 por Cruello DVille
Doy por finalizado también mi Desafío de agosto.

Primero los cuatro juntos con un par de fotos, una de la ellas más cenital que la otra.




Y por parejas. Músico y Portaestandarte:






Y los otros dos jinetes:





EL DESAFÍO PERSONALIZADO

La idea para el Portaestandarte la tomé de jinetes mongoles que podemos encontrar en la red. Con eso en mente me fui a una tienda de bisutería y complementos, de las que venden todo tipo de accesorios para crear los tuyos y busqué algo que me ayudara a representar algo lo más similar posible.

Al final me hice con un alfiler para la parte inferior del estandarte, la que asoma bajo la mano, que tuve que cortar para que no fuera excesivamente larga. Para la parte que asoma sobre la mano, usé una pieza de pendiente, que al tener un extremo plano, me permitiría pegarle algo más.

Antes de ponerme con el estandarte en sí, despegué el brazo derecho, le corté el arco y lo recoloqué, usando algo de pasta de modelar para que encajara en su sitio.

A continuación, taladré la mano, aunque no la atravesé, e inserté por cada lado la pieza correspondiente, usando pegamento de cianocrilato y bicarbonato para dar fuerza a la unión.

A continuación, sobre la pieza del pendiente pegué una pequeña pieza que también había adquirido en el mismo lugar y que tenía la forma y tamaño idóneo para encajar sobre ella y darle un aspecto similar a lo que había visto en Internet.

La parte superior del arco que le había cortado de la mano lo pegué al carcaj, tal y como lo llevan otras miniaturas de la gama.

Tenía claro que quería que colgasen flecos, aunque no tan largos como los que se ven en los estandartes mongoles. Usé un par de tiras de papel que corté y pegué bajo la mano y bajo la pieza del pendiente, y así aprovechar y ocultar las uniones

Y, como último detalle, añadí un par de cuchillas de Eldar Oscuros.





En cuanto al músico, no sabía si decantarme por un tambor o tambores, como en el caso del Músico de los Catafractos del Este, o por un instrumento de viento. Así que, desde que llegaron a casa, estuve siguiendo en el mercado de segunda mano las opciones que había para ambos, tratando de decidirme por alguna.

Sin embargo, terminé construyendo un par de tambores desde cero. Creo que fue la mejor opción por la escala, ya que los instrumentos que encontraba de otras miniaturas Citadel iban a ser algo más grandes.

Cogí una de las pajitas de cartón que tengo en la caja de materiales y corté dos piezas del largo adecuado para representar la caja del tambor. Y para la piel, corté un para de trocitos circulares de papel sobre los que añadí cola blanca y que, al pegarlos sobre los trozos de pajita, arrugué para dar la sensación de la piel extendida sobre la caja.

Con las dos piezas hechas, las probé en los tres modelos a ver cómo encajaban de bien. Aunque el que se convirtió en Músico no fue la primera opción, creo que es el que mejor funciona como tal.

Le corté la parte final del hacha y le "extendí" el mango añadiéndole un trozo de clip, La "nueva" hacha la pegué en el lado izquierdo de la cintura. Y para hacer el mazo o mazamorra (que así se llama el palo con el que se toca un bombo), corté el final de una maza de los Hombres Bestias.

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31 Ago 2025 17:27 - 31 Ago 2025 17:37 #350467 por Swaggy_M
¡Balrog terminado!

Sienta bien volver a El Desafío y más con semejante miniaturón. Me ha llevado tiempo porque es ENORME, sobre todo por las alas. De hecho casi no cabe ni en la caja de luz, por eso las fotos no son todo lo buenas que me gustarían.

El Balrog es de la marca Clay Cyanide. Está genial, aunque se me ha hecho complicado y no he querido meterle un porrón de horas por acabarlo a tiempo y pasar a otros proyectos. Le he pegado uno de los esqueletos enanos que venían en la caja base de las Minas de Moria para que no quedara una peana muy vacía; no tiene más conversiones ni nada.

No me ha dado tiempo a terminar también los trasgos, así que los dejaré para el próximo mes.





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31 Ago 2025 20:22 #350470 por Akomachi
Desafío Agosto 2025 - Wulf, Lord Throne y sus secuaces

Wulf, el usurpador de Rohan

En los días sombríos de la Tercera Edad, cuando los vientos del Este traían guerra y el invierno se volvía cruel, un hombre llamado Wulf se alzó entre las sombras para reclamar el trono de Rohan. No era rey por derecho, pero su ambición y su furia lo llevaron a sentarse en el trono dorado de Meduseld, aunque fuera solo por un invierno.

Wulf era hijo de Freca, un señor poderoso de las tierras del río Adorn. Su familia decía descender de los grandes jinetes de Rohan, pero su cabello oscuro y su cercanía con los dunlendinos —un pueblo montañés que odiaba a los rohirrim— despertaban sospechas. Freca era arrogante, y cuando intentó casar a su hijo con la hija del rey Helm, lo hizo como quien exige, no como quien pide. Helm, apodado “Mano de Hierro”, rechazó la propuesta y, en un acto brutal, mató a Freca de un solo golpe. Así nació la enemistad.

Wulf huyó a Dunland, donde fue recibido como aliado. Durante cuatro años, tejió alianzas con los enemigos de Rohan: dunlendinos, corsarios de Umbar —piratas del sur que también atacaban Gondor— y otros pueblos hostiles. Esperó el momento justo, y cuando Rohan estaba debilitado por guerras en el Este y por un invierno que se avecinaba, lanzó su ataque.

Desde Isengard, cruzó los Vados del Isen y derrotó al ejército del rey. Tomó Edoras, mató al príncipe Haleth y se proclamó rey. Mientras Helm se refugiaba en Cuernavilla, Wulf gobernaba desde el trono que había robado. El invierno que siguió fue uno de los más duros jamás recordados: el Largo Invierno. La nieve cubrió los campos, el hambre se extendió, y Helm murió vagando por las montañas, convertido en una figura casi legendaria, como un espectro que acechaba a los enemigos.

Pero la primavera trajo algo más que deshielo. Fréaláf, sobrino de Helm, descendió de las Montañas Blancas con un pequeño grupo de leales. Atacó Edoras por sorpresa, mató a Wulf y liberó el reino. Con ayuda de Gondor, expulsó a los invasores y fue coronado como el primer rey del Segundo Linaje de Rohan.

Wulf no dejó descendencia conocida, pero su historia quedó como advertencia: el poder tomado por la fuerza, sin respeto por la tierra ni por su gente, no florece. Su breve reinado fue como el invierno que lo acompañó: frío, violento y condenado a desaparecer con el primer brote de primavera.

Lord Thorne, señor del Wold

Muchos nombres se han perdido en el polvo de los inviernos, pero el de Thorne aún se pronuncia en voz baja entre los muros del Wold. No por honor, sino por advertencia.

Thorne fue señor de aquellas tierras abiertas del norte, donde el viento sopla sin barreras y los jinetes aprenden a leer el horizonte. Era un hombre de modales refinados, de palabra medida y túnica impecable. No blandía la espada con furia, pero sabía cómo mover piezas en silencio. Algunos lo llamaban sabio. Otros, serpiente.

Cuando el reino fue herido por enemigos externos —los dunlendinos por el oeste, los orientales por el este— y por el hambre que trajo el Largo Invierno, Thorne no se quebró. Tampoco se alzó. Se inclinó. Vio en Wulf, el usurpador, una oportunidad para conservar su posición, quizás para elevarla. Y así, sin batalla ni proclama, ofreció su lealtad al invasor.

Su traición no fue sangrienta, pero fue profunda. Conocía los caminos, los nombres, las debilidades. Mientras Helm resistía en Cuernavilla y los campos morían bajo la nieve, Thorne se paseaba por Meduseld como si el trono fuera suyo por derecho de cálculo.

No se le recuerda por gestas ni por valentía. Pero sería necio negar que su influencia fue real, y su caída, necesaria. Cuando Fréaláf descendió de las Montañas Blancas y retomó Edoras, Thorne desapareció. No murió en batalla. No fue juzgado. Simplemente se desvaneció, como el humo tras el incendio.

Que este escrito sirva para recordar que no todos los enemigos vienen con estandartes. Algunos vienen con sonrisas, con promesas, y con la habilidad de sobrevivir a cualquier bando. Y que incluso los traidores más hábiles, al final, no dejan legado, solo silencio.

Las fotos de la compañía

Grupo



Los secuaces





Wulf a pie









Wulf a caballo











Lord Throne










Espero que os guste!!!
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31 Ago 2025 20:46 #350472 por Morthanc
Y aqui la fotos finales del dragón. Mejorable como siempre.

Pero al menos ya entro en un mes jejeje

Enviado desde mi SM-A705FN mediante Tapatalk
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04 Sep 2025 14:59 #350499 por karavatis
Los nuevos banners...

El tema ha sido cerrado.
05 Sep 2025 07:07 #350501 por Swaggy_M
¡Gracias Karavatis! Me lo cambio instant
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30 Sep 2025 22:01 #350568 por karavatis
Las fichas de Agosto...




Y las de El Desafío Personalizado.

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