RelatoCorría el año 2763 de la tercera edad del sol y las cosas parecían empeorar para los pueblos libres de la Tierra Media. Los hombres se empezaban a ver amenazados por el renaciente poder de Sauron… el antiguo reino de Arnor ya completamente desaparecido era recordado nostálgicamente por los gondorianos y los dunedain sobrevivientes. Para los elfos, las cosas seguían igual, ya que ellos no se involucraban en los problemas de los demás y vivían sus vidas desconectados del mundo exterior a sus bosques. Para los enanos, las cosas tomaban mal camino; seguían con el rencor de la pérdida de su reino más grande a manos del temible Balrog y ahora Erebor durante el reinado del rey Thrór se empezaba a ceñir bajo un manto de oscuridad bajo la constante amenaza de las huestes de Rhun y los dragones de las Montañas Nubladas y de las Colinas de Hierro. Su único establecimiento estable y seguro eran las Montañas Azules, en donde vivían sin mayores problemas, en las antiguas ruinas de Nogrod y Belegost, ayudando como podían a sus compatriotas del este.



Capítulo I: Erebor, La Montaña Solitaria

Corría el año 2763 de la tercera edad del sol y las cosas parecían empeorar para los pueblos libres de la Tierra Media. Los hombres se empezaban a ver amenazados por el renaciente poder de Sauron… el antiguo reino de Arnor ya completamente desaparecido era recordado nostálgicamente por los gondorianos y los dunedain sobrevivientes. Para los elfos, las cosas seguían igual, ya que ellos no se involucraban en los problemas de los demás y vivían sus vidas desconectados del mundo exterior a sus bosques. Para los enanos, las cosas tomaban mal camino; seguían con el rencor de la pérdida de su reino más grande a manos del temible Balrog y ahora Erebor durante el reinado del rey Thrór se empezaba a ceñir bajo un manto de oscuridad bajo la constante amenaza de las huestes de Rhun y los dragones de las Montañas Nubladas y de las Colinas de Hierro. Su único establecimiento estable y seguro eran las Montañas Azules, en donde vivían sin mayores problemas, en las antiguas ruinas de Nogrod y Belegost, ayudando como podían a sus compatriotas del este.
Pero durante ese año, los enanos vieron nacer lo que ellos creían era una luz de esperanza para su pueblo. Balin, nació en La Montaña Solitaria en el año 2763 de la tercera edad del sol, hijo de Fundin, difundía un optimismo y esperanza que todos los habitantes de Erebor apreciaban.
Como todo niño, creció jugando a través de los salones y pasillos del magnífico establecimiento enano. A veces, salía a pasear con su padre al cercano río Celduin o la ciudad de los hombres del norte, Dale en donde se entretenía con los niños de la raza que ahí habitaba.

Pasaron los años y en el año 2770 la tragedia tocó la puerta de Erebor. El dragón Smaug apareció de la nada sobrevolando el cielo azul y atacó de sorpresa a los desprevenidos enanos de Erebor. Muchos se salvaron, incluyendo al rey Thrór, a su hijo Thráin II y la familia real que logró escapar siguiendo la ruta de la puerta secreta de la vertiente oeste, junto a otros personajes ilustres como Fundin y su hijo Balin de 7 años.
El dragón atacó despiadadamente, destruyendo todo a su paso y no teniendo clemencia con los enanos ni con los hombres de Dale, y al ver que su ataque tuvo éxito, declaró La Montaña Solitaria como suya y se estableció ahí, cegado por los maravillosos tesoros de los enanos.
Por otra parte, los enanos que sobrevivieron se dirigieron hacia el sur, instalándose en la Tierras Brunas, en donde llegaría un nuevo miembro a la familia de Balin en el 2772 de la tercera edad: su hermano Dwalin. Balin se sentía muy contento, ya que pensaba que a pesar de haber sido exiliado de lo que fue su lindo y apacible hogar por siete años, ahora iba a tener un compañero de juegos y de aventuras, por lo cual se sentía ansioso.
Pero no le duró mucho la alegría. Se dio cuenta que tenían mucha gdiferencia de edad, y que no podrían relacionarse muy bien, ya que los gustos de los dos variaban mucho, ya que cuando Balin a sus 27 años estaba más interesado en aprender lo que era herrería y el uso de las armas y las tácticas de batallas, Dwalin a sus 18 años estaba recién entrando en ese mundo y saliendo del mundo infantil y el mundo de la diversión en el cual vivió por mucho tiempo.
A la vez, Thrór, cansado y viejo, abandonó las Tierras Brunas buscando aventuras y sólo acompañado de su amigo Nar, cediéndole el último anillo del poder de los enanos a su hijo Thráin II y dejándolo como legítimo heredero del pueblo de Durin. Pero la excursión de Thrór y Nar no fue muy exitosa… llegando a las imponentes puertas de Moria, y al ver que estas se encontraban abiertas de par en par, el rey Thrór entró orgullosamente, como si un rey volviera a su reino. Pero la felicidad del rey no duró mucho… los orcos, lo vieron desde el primer momento, y a la hora que el anciano enano subió las escalinatas, Azog, el malvado rey orco le cercenó la cabeza de un solo y fuerte hachazo y tomando un trozo de piedra afilada escribió su nombre con runas enanas, para advertirle a los enanos sobre el peligro que corren si entran a Moria futuramente.
Nar, horrorizado por el acto de vandalismo del orco, corrió rápidamente por los vados y bosques de la Tierra Media hasta llegar a las Tierras Brunas, en donde reunió al rey y sus consejeros para darles la terrible noticia. Finalmente, la oportunidad para Balin y Dwalin de estar juntos llegaría en el año 2793 de la tercera edad, cuando Thráin II, el rey exiliado, luego de tres años de reunión con las distintas colonias enanas puso en marcha el plan que tenía para vengar a su padre, muerto por Azog en las puertas de Moria: la guerra contra los orcos. Balin estaba feliz, ya que iba a ser su primera incursión en el mundo de la guerra, pero Dwalin, su hermano no estaba muy ansioso a pesar de su edad avanzada.
Un día, cuando ya las huestes estaban listas para partir a combatir a los orcos, llega Fundin, el padre de los muchachos y les dice:

-Hijos, llegó la hora… estoy muy orgulloso de ustedes, espero que se despeñen magníficamente en el campo de batalla y que demuestren lo que un enano de raza pura es capaz de hacer- luego, se fue siguiendo de muy cerca de su rey, Thrain II, dejando a sus hijos atrás, para que se relacionaran con las demás tropas. Balin se relacionaba muy bien con los demás, pero Dwalin que era muy tímido, era más cerrado y se pasaba el tiempo pegado a su hermano.

-Balin, ¿qué pasa si los dos morimos jóvenes, inesperadamente en una de esas batallas con esos despreciables orcos?- preguntó temeroso Dwalin.

-No te preocupes, llevamos en la sangre el talento con las armas y sé que resultaremos vencedores en esta guerra y que podremos volver los dos juntos a casa- dijo riendo Balin.
Dwalin que no quedo muy convencido con la respuesta de su hermano, prendió su pipa y se puso a pensar:

-¿Y qué tal si me escapo?- pensó… -Somos tantos que nadie se daría cuenta, solo mi hermano y mi padre… pero no… mucho riesgo… creo que tendré que atarme al destino de este ejército que espero que resulte triunfante-


Capítulo II: La guerra contra los orcos

Los días pasaban, los enanos marchaban kilómetros cada día, hasta que finalmente llegaron a las puertas occidentales de Moria luego de 2 años entre escaramuzas con los orcos al sur de Rivendel y en el antiguo territorio de Acebeda, en donde comenzó la cruenta batalla. Muchos pensaban que, al tratarse de orcos tan comunes y débiles iba a ser fácil, pero resultó todo lo contrario. Era tal la cantidad de orcos que había en el campo de batalla que los enanos tuvieron que retirarse frente a la tercera oleada, ya que no paraban de salir por las grietas del suelo y por las puertas.
Dwalin, empezó a tomarle el gusto a su rama que era la arquería, se hizo talentoso con el arco enano, mientras que Balin y su padre Fundin eran hábiles luchadores con hachas a dos manos y hachas de mano. La batalla duró 3 horas. Los enanos, agotados lograron conseguir una victoria a duras penas gracias a los refuerzos que llegaron desde las Montañas Azules. Las bajas ya eran preocupantes ya que un octavo del ejército se había perdido sólo en la primera batalla. Pero Balin, Fundin y Thráin II estaban optimistas, mientras que Dwalin seguía dudando sobre el resultado de la guerra. En la noche, armado el campamento, se reúne la familia para conversar alrededor de una fogata. Balin un poco cansado empieza la conversación:

-Hoy maté 45 orcos, creo que no está nada mal para ser mi primera batalla- dijo comiendo un pedazo de tocino que ya estaba cocinado.
-Excelente hijo, creo que has aprendido del mejor, aunque no me llegas ni a los talones. Hoy maté 98 orcos yo solo- dijo con un tono imperante.
Dwalin se mantenía en silencio. Solo bebía un tarro de cerveza y comía un pedazo de pan con carne.

-Y tu Dwalin, ¿qué tal estuvo la cacería hoy?- preguntaron al mismo tiempo Fundin y Balin.
Dwalin respondió: no tan bien como ustedes, me hice con la vida de 32 orcos usando mi arco… pero creo que no está mal para ser mi primera batalla contando que soy un arquero inexperto-
-Nada mal está hermanito, ya tendrás más tiempo para practicar- dijo Balin dándole una palmada en la espalda. -Como tu hermano dice, en un tiempo más tendrás más tiempo de practicar- dijo Fundin -¡Ánimo!-
Pero Dwalin se fue sin decir nada a la cama e hizo que su hermano y padre se sintieran ofendidos, ya que al parecer, su hijo y hermano no sacaron su espíritu peleador.

Amanecía a los pies de las montañas nubladas y Balin es el primero en despertarse en el campamento y sale a dar una vuelta por lo que eran los antiguos caminos de comercio enano-élfico. Los antiguos caminos adoquinados seguían visibles, cubiertos por el moho y el polvo que se acumula con el paso de los años. De pronto un grito se escucha a lo lejos. Más que un grito, era un chillido, una voz rasposa y grave que provenía de una caverna. Balin, asustado desenvaina sus hachas de mano y su esconde tras una roca. Una flecha vuela por los aires y se quiebra contra la piedra. Era evidente: una emboscada de los orcos.

-Maldición, justo cuando tenía que estar solo- dijo Balin escupiendo al suelo con furia.
De pronto, de la oscuridad emergieron quince pequeños y deformes orcos, todos con la cara cubierta por una capucha roja. Traían hachas a dos manos, probablemente enanas y sus pasos agigantados iban en dirección al escondite del enano. Balin suspiró. –Espero que esta no sea mi primera y última batalla en solitario- dijo, y saliendo de su escondite lanzó un grito:

-¡Por Durin y Khazad Dum!- y corriendo a gran velocidad logro abatir a los primeros dos orcos que cayeron partidos en dos, golpeando el suelo rocoso.

-Jajaja, ¡un hacha para cada uno criaturas repugnantes!- dijo riendo mientras esquivaba el intento de hachazo de un orco poco profesional con el hacha, que fue una presa fácil para Balin.

Pero ahora venía lo peor. Los orcos del fondo al parecer eran los más hábiles y se abalanzaban con mucha fuerza sobre el joven enano, quién en una de las cargas orcas perdió el hacha de su mano derecha.

-¡Maldición, Solo un hacha!- dijo preocupado.
Los orcos atacando furiosamente lograron acorralar a Balin, quien logro hacer que un orco matara a su compañero con un hachazo cruzado, mientras que el cercenaba a otro atacándolo por la espalda.

-Llevo 4- dijo algo cansado- ¡pareciera que fueran eternos!- Un certero golpe de un macizo orco logro arrebatarle el hacha restante. Ahora Balin indefenso, desenvaino su cuchillo y comenzó a pelear fieramente, matando a tres orcos de una certera puñalada en el corazón. Pero su alegría no duró mucho. Su cuchillo también fue arrebatado de sus manos por el mismo orco que le quitó su última hacha.

-¡Carajo!- dijo enojado-¿Por qué mi vida tiene que tocar fin tan rápidamente?- dijo antes de caer arrodillado debido al agotamiento.
El orco se preparaba para acertar el tiro final, cuando de pronto, una flecha le atravesó el cráneo súbitamente. Era Dwalin, que estaba siguiendo a su hermano por temor a que le pasara algo. El joven y diestro enano abatió fácilmente a los orcos restantes, que nada podían hacer frente a las certeras flechas del protector.
Quedaba así, el campo de batalla vació, y Balin, sin comprender lo que ocurría, se levantó y grito a viva voz:

-¡¿Quién diablos eres y porque me has salvado?!-
Dwalin salió de una montonera de arbustos que había sobre una pequeña colina y dijo:
-Soy yo Balin, tu hermano-
Balin enfurecido se acercó y le regañó:
-¡¿Por qué diablos me has seguido, a caso no puedo tener un momento para mí solo?!
Dwalin, un poco entristecido por la reacción de su hermano, contestó:
-Primero que nada deberías darme las gracias Balin, te salvé la vida-
-¿M e salvaste la vida?, por favor yo me podía a esos orcos solo, solo estaba dejando que se confiaran para después matarlos cuando estuvieran distraídos-
-Si claro, y yo soy Ilúvatar, y Yavanna vendrá en unos momentos a tomar té con nosotros- dijo Dwalin sarcásticamente. Balin, aún enojado recogió sus armas y emprendió la marcha de vuelta al campamento, dejando a Dwalin atrás.
-Pero que genio- dijo riéndose para adentro –creo que para la próxima será mejor dejarlo morir-
Y quitando las flechas de los cuerpos de los malolientes orcos, y metiéndolas de nuevo en su carcaj de cuero, emprendió la marcha de vuelta al campamento, apresurando el paso para ver si podía alcanzar a su hermano.

Luego de correr por un rato, Dwalin alcanzó a su hermano.
-Balin, no te enojes, solo quería ayudar- dijo con un tono bajo.
Balin se quedaba en silencio y apresuraba el paso, ignorando a su joven hermano. Llegaron los dos al campamento y Balin se fue directamente a descansar un poco después de almorzar un poco de cerdo asado.
Dwalin se sentó en la fogata con su padre Fundin y con Thráin II, el rey. Su cabeza agacha demostraba que se sentía un poco deprimido por haberse peleado con su hermano por una cosa tan tonta.

-¿Qué pasa hijo?-pregunto Fundin acercándose a Dwalin.
-Pasa que Balin se enoja por cosas por las cuales debería estar agradecido… hoy le salve la vida de un ataque de unos orcos y él se enojo porque decía que eran suyos y que se los podía, sabiendo que eso es mentira, ya que estaba desarmado, y tirado en el piso, indefenso- dijo lamentándose.

-¡Por Eru! Hijo, no le hagas caso, en ese tema Balin es lo más insoportable que hay… ya verás que vendrá a ti pidiendo disculpas y dándote las gracias porque lo salvaste, no te preocupes-

-Gracias padre, espero que haga eso- dijo Dwalin, retirándose del lugar y yéndose a dormir la siesta.
-Jajaja, que cosas las de los jóvenes de hoy- dijo riendo Thráin II.
-Jajaja, si mi rey, son solo bobadas, aunque creo que es muy noble la preocupación que siente Dwalin por su hermano- dijo Fundin devorando un trozo de pavo asado.
Balin se despertó de la siesta a las cuatro de la tarde y salió en dirección a la tienda de su hermano que aun seguía durmiendo.
Se acercó a Dwalin y lo meneó para despertarlo.
-Dwalin, Dwalin, despierta…-
-¿Qué pasa, que quieres?- respondió Dwalin medio dormido.
-Necesito hablar contigo…- dijo Balin.
-Espérame afuera, ya salgo- dijo Dwalin levantándose.
Balin salió de la tienda y se sentó a los pies de un árbol, para estar a la sombra. A los cinco minutos, salió Dwalin y se sentó junto a él.
-Emmm, bueno, te quería pedir perdón por lo de hoy… tu sabes que no me gusta compartir las batallas, pero ahora lo pensé y me di cuenta de que si no es por ti, no habría vuelto vivo… gracias- dijo Balin sonriendo.
-Sabia que pasaría esto, papá lo predijo… no importa, a todos nos pasa que nos enfurecemos cuando alguien hace algo por nosotros que no queremos que haga… te perdono hermano- dijo sonriendo también.
Los dos hermanos se levantaron y se abrazaron fuerte y cálidamente, cuando de pronto sonaba el cuerno de Thráin: era la señal para avanzar y acercarse más a las puertas orientales, en donde quería poner fin a la guerra rápidamente. Balin y Dwalin desarmaron sus tiendas, y juntos tomaron sus armas y emprendieron el viaje de 10 kms.
Varias escaramuzas ocurrieron en el camino, provocando considerables bajas en ambos bandos, y luego de diez días, finalmente el ejército de cinco mil enanos llego a las antiguas y magníficas puertas de Moria.


Capítulo III: La Batalla de Azanulbizar

-Pasan volando los años- dijo Balin sentado en un tronco junto a su hermano y padre.
-Recuerdo aún cuando salimos de las Montañas Azules con tal magnifico ejercito que ahora se ha visto muy reducido…- dijo Fundin con nostalgia, avivando el fuego de la fogata que se meneaba debido al fuerte viento que corría.
-Seis años ya. Es mucho tiempo, parece que la guerra será eterna- dijo Dwalin.
-No creas hermano, ahora en el gran valle de Azanulbizar podremos tomar a los orcos por sorpresa ya que creo que sus unidades deben estar muy reducidas y cansadas- dijo Balin levantándose y estirándose un poco.
-Muy cierto hijo, los haremos pedazos mañana por la mañana- dijo Fundin riendo y atravesando un cerdo con un palo para asarlo al fuego.
-Yo creo que están muy confiados. Deberíamos ser cautelosos y no menospreciar a los orcos, que han dado dura pelea… por algo la guerra ha durado seis años ¿no?- dijo Dwalin con su característico tono preocupante.
-Bahhh, no creas… ya deben estar muy reducidos en número y sus fuerzas no deben tener energías para seguir peleando- dijo Balin ayudando a su padre a colocar el cerdo al fuego.
-Bueno, pero yo creo que la batalla de mañana será difícil… no tengo un buen presentimiento- se levanto y tomando su vaso de cerveza, se fue a la cama –Buenas noches Balin, padre-
-¡¿Y no vas a comer?!- preguntaron Balin y Fundin al mismo tiempo con un tono de sorpresa.
-No, gracias, pero no tengo hambre- y diciendo esto, entro su tienda, apagó la vela y se alisto para descansar. Balin y Fundin se miraron.
-Mejor, más para nosotros- dijo Balin gritándole a Dwalin.
-Este hijo mío es tan sensible y tan poco hambriento que no parece enano… decir verdad, parece un elfo- dijo mordiendo un trozo de costillar.
-Jajaja no padre, no creo que sea tanto… no lo insultes de esa manera, que ser elfo seria ya lo peor que le podría pasar al pobre Dwalin- dijo Balin sirviéndose cerveza.
-Tienes razón… un elfo es lo peor… bueno hijo, ve a descansar, que mañana la cacería estará dura… creo que al ser la última batalla que podríamos dar, los orcos la pelearan con todo…- buenas noches- Fundin se retiro del lugar. Balin se quedo solo, meditando luego de comer. Tomo su pipa y saco de sus bolsillos un buen trozo de tabaco de los Hobbits, lo coloco en su pipa y la encendió.
-Espero que esta no sea mi última pipa de mi vida- dijo oliendo el tabaco humeante.-No, no lo será… no me lo permitiré. Balin se levanto, tomo un cubo con agua, apago la fogata, y se dirigió a su tienda, guiado por la luz de su pipa, en medio de la oscuridad de la noche de las Montañas Nubladas.
El día amaneció nublado. Los pájaros auguraban muerte… En Moria, Azog, el capataz de los orcos comenzaba a dar las órdenes para que su gran ejército de 20.000 orcos saliera por las puertas orientales al ritmo de los tambores de cuero que eran golpeados por las baquetas de hueso.

Las numerosas huestes de Azog empezaron a brotar de las profundas cavernas, llamados por el sonido de guerra del cuerno de los chamanes, que invocaban a Morgoth y a Sauron ofreciéndole como tributo a los cinco mil enanos que afuera los aguardaban.
En el campamento enano todo era tranquilidad… por ahora. Muy pocos enanos se habían levantado, siendo ya las once de la mañana. El numeroso ejército enano dormía silenciosamente, acechado por el más numeroso ejército orco.
Balin se despertó al mismo tiempo que Dwalin. Los hermanos salieron juntos a pedirle al herrero un par de soportes: Balin fue a buscar una nueva hoja para su hacha, y Dwalin, a buscar unas cuantas puntas de flechas para aumentar su disponibilidad de municiones. Volvieron los dos a sus respectivas tiendas y cada uno se puso a hacer lo suyo, pero no lograron ni alistarse para empezar a trabajar cuando se escucha a lo lejos una montonera de pasos a lo que el centinela reacciona diciendo:

-¡los orcos, alarma, vienen en masa, los orcos!- gritaba el centinela bajándose de su torre de guardia.
Todo el campamento despertó súbitamente. La alarma tomo por sorpresa al rey y a todo el ejército, que rápidamente se alistó para adentrarse en la batalla. Los orcos estaban a un kilómetro del lugar. Dwalin, valientemente, tomó su arco y subió a la torre del centinela por la improvisada escalera de roble. Tomó su arco y sacando ágilmente las flechas del carcaj comenzó a disparar a discreción.
Los enanos no se esperaban tal fuerza orca. El avasallador ejercito oscuro podría hacer papilla a los enanos en un abrir y cerrar de ojos. Las flechas del ágil Dwalin volaban por los aires, acertando puntualmente en el pecho de los orcos que iban cayendo de a poco.
Azog a lo lejos, vio a Dwalin encaramado a la torre de madera vieja. Envió a su mejor arquero, Virgudur para que le acertara un tiro mortal al ágil y certero enano.
-¡Mátalo, ahora!- dijo gruñendo y escupiendo al suelo.
El hábil y pequeño orco tomó su arco, tomó una flecha de su carcaj, y pasando la punta de hierro oxidado por el veneno de araña de caverna. Tensó la cuerda y colocando la flecha horizontal, soltó la cuerda y la flecha salió volando por los aires en dirección a Dwalin.
El enano vio la flecha volando hacia él, pero ya era demasiado tarde para esquivarlo. La flecha envenenada impactó de lleno en el sector abdominal de Dwalin, atravesando la cota de malla y penetrando en la carne del enano, hiriendo su estómago y páncreas, dejándolo inconsciente de dolor al primer segundo, haciéndolo perder el equilibrio y botándolo al instante de la torre, cayendo de espalda al suelo.

A lo lejos Azog felicitaba a su ágil tirador diciendo:
-Excelente Virgundur, ¡ahora avanza rata inmunda!
Por otro lado, Balin, que estaba abajo con las tropas esperando que los orcos lleguen, vio caer a su hermano de la torre del centinela y corrió apresuradamente a socorrerlo.
-¡Dwalin, hermano, despierta, despierta!
El enano, muy malherido no daba señal alguna de vida. Balin pensó que estaba muerto, y desesperado empezó a llamar a viva voz a un enfermero.
-¡Médico, médico!, ¡Ayuda, médico!- gritaba desesperado el enano.
Dwalin sangraba sin parar. La vida se le escapaba por los ojos. El enfermero del ejército que gracias a Ilúvatar estaba desocupado, llego al instante luego de los gritos desesperados de Balin.
-¿Qué le pasó, cómo pudo caer tan rápido?- dijo el enfermero mirando preocupadamente el inconsciente cuerpo del joven enano.
-U… un orco… un orco le dis…disparo a lo lejos… respo…respondiendo a sus anda…andanadas- dijo Balin tartamudeando.
-Rápido, trae una camilla de la enfermería, hay que sacarle esa flecha inmediatamente- ordenó el enfermero.
-Si…si, ya voy, vu…vuelvo en un segundo- dijo tembloroso Balin.
El enano partió corriendo rápidamente en dirección a la tienda de la enfermería, que era reconocible por tener el sello del rey Thrór junto a una gran cruz azul. Atravesó un pequeño riachuelo que corría por entremedio del campamento y llegó a la enfermería. En una esquina se encontraban apiladas las camillas, hechas con las mejores telas y tejidas por las mejores artesanas enanas, por lo cual eran muy resistentes y eran capaces de soportar el peso de un enano con armadura pesada.

Balin tomó la que se encontraba más arriba, y rápidamente salió corriendo por la entrada de la tienda. Cruzó de vuelta el riachuelo, saltó el tronco de un árbol caído, y esquivando algunas cuantas piedras, llegó al sitio en el cual su hermano se encontraba tendido, desangrándose y siendo ayudado por el mejor médico del regimiento.

-¡Rápido, subámoslo a la camilla y llevémoslo a un lugar seguro!- gritó el enfermero.
-¿Seguro?, ¡pero si aquí está bien!- le dijo Balin.
-¡Fíjate en el entorno Balin!, ¡Las flechas orcas surcan los aires y los orcos se encuentran a cien metros de nuestras filas, rápido, súbelo y vámonos a la tienda!- gritó el enfermero indicando el camino. Los enanos pusieron a Dwalin sobre la camilla, y levantando entre los dos el peso del malherido enano, lo llevaron a duras penas a través del campamento hasta llegar a la tienda de la enfermería.
-Vamos, dejemos la camilla aquí, hay que atenderlo inmediatamente, está muy grave- dijo preocupado el valiente el enfermero.
Balin se mantenía en silencio. Atónito por lo que pasaba, no creía aun que su hermano se encontrara en riesgo de muerte. Por otro lado, el enfermero, tomando unas cuantas herramientas de acero, logró extirparle la envenenada flecha, y detener la hemorragia que le estaba causando serias pérdidas de sangre a Dwalin.
El enfermero quedó en silencio. Miraba atónito al indefenso Dwalin.
-¿Qué pasa, qué le ocurrirá a mi hermano?- pregunto asustado Balin.
-La flecha…la flecha estaba envenenada- dijo sentándose y sirviéndose un vaso de agua. –La flecha antes de ser lanzada fue untada en el veneno de una peligrosa araña que vive en Moria. No queda más remedio. Habrá que ir a buscar athelas a alguna parte, o tu hermano morirá al cabo de unas cinco o seis horas.-
-¡¿Qué?!... no puede ser… ¡¿Y qué diablos es la athelas, donde se encuentra?!- dijo Balin un tanto enfurecido. -Es una planta curativa. La podrás encontrar más al sur, en los límites de Lothlorien, o sino por el vado de Carroca cerca del Bosque Negro. Pero apresúrate si quieres salvarlo, no le queda mucho tiempo- dijo el enfermero.
-¡Rayos!, por qué todo tiene que ser involucrado con los elfos… pero lo haré. Iré a los límites de Lothlorien a buscar la plata…me veo obligado a hacer lo posible por salvar a mi hermano- dijo Balin- Gracias, que Ilúvatar te proteja- y diciendo esto, salió corriendo de la tienda a buscar la famosa planta.
Por otra parte, la cruenta batalla ya había comenzado hace un buen rato. Los enanos estaban siendo completamente reprimidos por la inmensa fuerza orca, y los líderes oscuros no daban tregua. Treinta minutos de batalla ya habían transcurrido, y las bajas para los enanos ya eran abrumadoras. Estaban cerca de perder un cuarto de ejército. Fundin y Thráin II, capitanes del Ejército Vengador de Thrór, daban órdenes desesperados por todos los flancos para repeler a los salvajes orcos, que se abalanzaban sin piedad sobre sus presas, para luego beber la sangre de cada una de sus víctimas.

-¡Náin, Náin!- gritaba Fundin- ¡¡¡¡El flanco izquierdo, defiende el flanco izquierdo!!!!-

Náin era el general del ejército de más alto rango después de Thráin II. Era un hábil luchador con el hacha a dos manos, y se le encargó el cuidado del flanco izquierdo, junto a los enanos de las Colinas de Hierro, de quiénes era el líder y representante. Su hijo Dáin, peleaba valientemente junto a él. El flanco central era dirigido por el rey Thráin II y su capataz Fundin, los dos exiliados de Erebor por el dragón Smaug, que peleaban con una furia y valentía inigualable. El flanco derecho era liderado por Glinder. Glinder era un enano proveniente de la Montañas Azules, uno de los primero s enanos en habitarlas, muy amigo de los Hobbits, y un hábil herrero y luchador con las hachas de mano.
La situación individual de cada uno de los flancos de la batalla no era muy alentadora. El flanco derecho estaba sufriendo severas bajas, agobiados por los temibles merodeadores orcos de Moria y los orcos en masa general. El flanco izquierdo era el más perjudicado. Los trolls de las cavernas y las arañas causaban bajas por montones junto a los arqueros que a lo lejos disparaban sus mortíferas flechas envenenadas. El flanco central era el más resistente. Era el flanco en el que estaba peleando hábilmente el rey Thráin II y Fundin, y en el cual debería estar peleando Balin, quién inesperadamente sufrió un percance…

Balin corría desesperado por los anchos e interminables vados de las cercanías de Lothlorien. Esquivaba todo a su paso: rocas, ríos, ramas. Iba con la determinación de salvar a su hermano; no lo iba a dejar morir tan joven, y en caso de que su hermano muriera, se sentiría muy culpable por no haberle llevado la planta sanadora.
Llegó Balin a los límites de Lothlorien. No encontraba la planta por ningún lado, y pensó que adentrarse en el bosque no era lo mejor. Los elfos no eran de lo más amigables con los enanos, especialmente si vienen y entran sin avisar.

-Mmm… ¿Entrare?... estoy perdiendo el tiempo aquí mientras mi hermano se está muriendo y mientras mis compatriotas luchan a muerte… no seguiré vacilando. Entraré en el bosque aunque muera en el intento.
Entró en el bosque, y se habrá adentrado unos veinte metros cuando una flecha dorada y puntiaguda le rozo el yelmo de mithril.

-¡¿Quién anda ahí?!- exclamo una voz lejana. ¡Muestrate!-
-So…soy Balin- dijo muerto de medo.
-¿Balin?... ¡Es un nombre de enano!-dijo sorprendido el elfo.
-Si… si soy un enano… estoy buscando athelas… ¿me podrías dar por favor?- preguntó Balin- Que pregunta más estúpida- se dijo a sí mismo el enano.
-Ja, quién te crees que eres para entrar a si al reino de Lothlorien. Ven, me tendrás que acompañar, te llevare con la señora Galadriel y el señor Celeborn para que vean si tus propósitos con el athelas son buenos- dijo el elfo cuando salía de su escondite.
Era un elfo alto, robusto, de cabellos dorados y de orejas muy puntiagudas. Estaba vestido en tonos de verde, para poder camuflarse con su entorno.
-Sígueme, Balin- dijo yéndose por un sendero entre los árboles.
El enano obedeció a regañadientes. Lo meditó un rato, pero luego se dio cuenta que esta era la oportunidad para conseguir el athelas y finalmente poder salvar a su hermano de un final trágico. El elfo lo guió hacia el interior siguiendo el lecho de un rio, en dirección al corazón del bosque, su lugar más antiguo y conocido: Caras Galadhon, lugar en donde residía la señora elfa Galadriel y el señor elfo Celeborn, los primeros nacidos, los reyes de Lothlorien. Luego de unos minutos de caminata, el enano se vio frente a unas imponentes casas en las copas de los arboles, iluminadas todas por una misteriosa luz que se expandía por el entorno verde y natural.
-¿Por qué diablos me llevas a ver a tus amos? No quiero tener nada que ver con ellos, solo te pido que me des un poco de athelas para salvar a mi hermano- dijo Balin deteniéndose frente a una gran escalera que subía agarrada en espiral al tronco de un Mallorn.
-No sé si es verdad lo que dices. Por lo cual te llevare con mis amos para que vean si tus intenciones son buenas, ya que podrías ser un espía de Sauron que se hace pasar por un enano con buen propósito- dijo el elfo, indicándole que comenzara a subir por la enroscada escalera.
-No, no subiré, no es necesario que me lleves con tus amos, no iré, no, no y ¡no!- dijo Balin cruzando los brazos y moviendo la cabeza en señal negativa.
-Pues si no accedes amablemente a lo que estoy haciendo, tendré que hacerlo por la fuerza- el elfo hizo unas señales con los dedos y 3 elfos más salieron de detrás de los árboles.
-Llévenselo para arriba, el maese enano tiene que ver a la señora Galadriel y al señor Celeborn- dijo el elfo indicando hacia arriba con el dedo.
-¡¿Qué?!- dijo Balin sorprendido-¡Ya le dije señor de orejas puntiagudas que no subiré a la cima de ese árbol para hablar con nadie!- dijo el enano enseñando los dientes con aspecto feroz.

Nada pudo hacer Balin frente a la fuerza superiora de los elfos. Pataleando subió las escaleras, cargado por los elfos, llegando a unos veinte metros de altura, en donde los señores elfos lo esperaban.
Por otra parte, en el gran valle de Azanulbizar, los enanos habían empezado a ver la senda de la victoria. El flanco central, liderado por los más grandes héroes del ejército vengador enano, el rey Thráin II y Fundin, había logrado derrotar a la compañía de orcos de Azog, forzando la parcial retirada de un cuarto del ejército oscuro. Pero por los flancos laterales, las cosas no mejoraban mucho. En el flanco izquierdo, Náin y su hijo Dáin lideraban valientemente la lucha, abatiendo a varios orcos, a la mayoría de los trolls, y a unas cuantas arañas, que eran lo más peligroso junto a los demoníacos y perezosos trolls. Pero su compañía estaba destrozada. Mil quinientos enanos estaban destinados a pelar en el flanco izquierdo, y ahora, cumplidas las dos horas de batalla, solo cuatrocientos cincuenta prevalecían luchando, agotados, hambrientos y sedientos. El flanco derecho seguía siendo asediado por la gran cantidad de orcos atacantes, pero sus bajas no eran tan preocupantes; de mil quinientos soldados, con la misma cantidad de soldados del flanco izquierdo, el flanco derecho sólo había perdido trescientos cincuenta soldados. El flanco central, que era el más avazado y el más perseverante era el que menos bajas se anotaba. Dos mil soldados comenzaron la batalla en ese flanco, y solo ciento cincuenta habían perdido la vida luchando por vengar al rey Thrór.
En la tienda de la enfermería Dwalin seguía agonizando, y el médico preocupado, se preguntaba por qué diablos Balin se demoraba tanto…

Los enanos comenzaban a emparejar la batalla, que empezaba a dar buenos aires, por lo que cada vez peleaban más fieramente. Los flancos avanzaban heroicamente, arrasando con todo a su paso, forzando a los orcos a su primera retirada, en la cual hubo una tregua. El ejército orco, de veinte mil efectivos, contaba con una gran compañía de arañas gigantes y unos doscientos trolls de las cavernas. Las bajas de los orcos eran mínimas. Solo mil efectivos, cincuenta trolls y un cuarto de la compañía de arañas. Para los enanos era peor; de cinco mil efectivos, mil quinientos cincuenta habían perecido ya. Pero los enanos tenían esperanza, y no iban a dejar de pelear hasta dejar la vida en el campo, en el gran valle de Azanulbizar, frente a las imponentes puertas orientales de Moria.


Capítulo IV: Los Señores Elfos de Caras Galadhon

Balin se vio sobre un gran árbol, parado en una plataforma de madera blanca que se afirmaba de las ramas del antiguo Mallorn. Miraba a su entorno y los imponentes árboles se encontraban llenos de casas en su copa y ramas, en donde los elfos habitaban, protegidos de los peligros de abajo. Por una escalinata de madera dorada, y con una resplandeciente luz cegadora, aparecieron los reyes de Lothlorien, tomados de la mano y mirando al enano con una cara muy seria.

-Bienvenido seas a Lothlorien, Balin, hijo d Fundin- saludo Celeborn- ¿Qué propósito trae a un enano a nuestro reino?
-Emmm… bueno yo, sólo….- dijo Balin tartamudeando, encantado con la belleza de la hermosa y sabia reina Galadriel.
-¿Qué ocurre Balin, por qué no nos puedes decir tu propósito?- pregunto Galadriel acercándose a Balin, y arrodillándose para colocarse a su altura.
-Lo que pasa… es… lo que pasa es que mi hermano… fue herido de muerte en una batalla cerca de aquí en el valle de Azanulbizar, peleando con los orcos, que aun se está desarrollando-
-¿Y para que viene a nosotros a decirnos eso enano?- dijo extrañado Celeborn.
-Es que… Dwalin, mi hermano… morirá en unas horas si es que no le llevo una planta curativa que me dijo el enfermero que llevara… no me acuerdo del nombre… me acuerdo que dijo que se encontraba en los límites de su bosque… pero no la encontré… así que entré en el bosque con la esperanza de que la encontraría sin problemas, pero me capturaron antes de que pudiera hacer algo…- dijo Balin con un tono un tanto de tristeza.
-Pobre… yo te ayudaré… ¿es el athelas la planta que buscas?, tengo una gran reserva abajo, cerca del santuario de mi espejo. ¿Me acompañas?-le dijo Galadriel ofreciéndole la mano.
-Ehhh… si… gracias…- dijo Balin aceptando la invitación de Galadriel y tomándole la mano para que ella lo guiara. El enano y la elfa bajaron juntos la gran escalera enroscada que se ceñía alrededor del tronco del Mallorn. Caminaron en dirección sur este, llegando a un lugar en donde el terreno bajaba, y donde al centro se encontraba una extraña pila, que estaba llena de agua.
-Ese es mi espejo- dijo Galadriel indicando con el dedo. – Con él soy capaz de ver el futuro, el pasado y el presente. Un poco más allá tengo mis reservas de hierbas. ¿Me acompañas?- dijo Galadriel con un tono amable. -Ehhh… si vamos.- dijo Balin.

Balin sintió mucha curiosidad por lo que le dijo Galadriel. ¿Será verdad que ese espejo le podía mostrar cómo iba a ser su futuro? Balin sentía ansias por saber si era verdad, y pensaba en pedirle a Galadriel que luego de que le diera el athelas. Pero también tenía un lado negativo. Perdería tiempo para salvar a su hermano. Pero pensó que sería corta la visión de su futuro, y que el tiempo le sobraría para llegar al campamento y salvar a su hermano moribundo. Galadriel y Balin llegaron hasta una esquina, en donde una antigua estatua de Gil-Galad, el antiguo rey elfo se levantaba por los aires, junto al más imponente y antiguo Mallorn de todo Lothlorien, regalado por los Valar a la mismísima Galadriel, que lo trajo a este bosque.

-Toma Balin- dijo Galadriel, entregándole al enano una planta tan verde como la esmeralda que se recolectaba en las Colinas de Hierro y tan suave como las alfombras de Erebor.
-Mu… muchas gracias, señora Galadriel- dijo Balin arrodillándose a los pies de la elfa -Esta misteriosa planta me permitirá salvar a mi hermano- pensó el enano.
-Muy bien Balin, veo que tus propósitos son buenos, ve con Ilúvatar y salva a tu hermano- dijo Galadriel dando media vuelta y dirigiéndose a la escalera de caracol.
-Emmm… antes de irme, señora Galadriel… me gustaría saber si podría mostrarme mi futuro en su espejo mágico… ciento mucha curiosidad- dijo Balin jugando con sus manos. -Está bien- dijo Galadriel mirando al enano- Pero te advierto que lo que verás puede o no ser reconfortante o alentador, ya que el espejo sólo toma la información del presente para predecir un posible, es decir, puede ser que lo que el espejo te muestre sea sólo una mala interpretación de los hechos presentes, y no algo venidero, sino que pura fantasía- dijo la señora elfa con un tono serio.
-Está bien… me arriesgo a ver lo que aparezca y me atengo a las consecuencias- dijo responsablemente Balin. -Sígueme, te llevaré a ver tu futuro- dijo Galadriel, comenzando a caminar.

Caminaron un pequeño lapso, recorriendo el hermoso bosque de Lothlórien, con un frondoso y verde pasto, largo como los árboles milenarios, los mellyrn, en los cuales se posaban las casas de los elfos, hermosas, brillantes, imponentes. Volvieron al lugar en el cual Balin había recibido el athelas, pero con otro propósito. El espejo era un poco más alto que enano, por lo cual Balin se tuvo que encaramar para poder ver el agua del interior. Galadriel tomó una jarra de plata brillante, dirigiéndose hacia un pequeño charco que se encontraba a un lado de una estatua de dura piedra. Recogió un poco de agua y diciéndole a Balin que se encaramara en la base del espejo para poder ver, vertió el agua dentro del espejo.
-Mira Balin, tu futuro se empieza a esclarecer en el espejo- dijo la señora elfa señalando el agua con su puntiagudo dedo índice.

Balin se asomó y comenzó a ver una imagen en el agua. Lo primero que pudo divisar el enano fue catorce sombras que se movían en la oscuridad. Doce tenían el porte de un enano, pero una tenía el tamaño de un misterioso hombre con una vara y un sombrero puntiagudo, y un pequeño ser, más pequeño que los mismos enanos: un hobbit. La montaña solitaria aparece de repente, violentamente. El fuego se ceñía sobre los salones, pero una flecha caía como agua sobre las llamas y las apagaba. De la nada, pasó a ver una gran batalla, orcos aparecían vorazmente por todas partes, y cinco ejércitos comenzaban a pelear por un objetivo distinto. Rápidamente, su visión cambió. Los antiguos salones de Khazad Dum se ceñían frente a sus ojos, los imponentes pilares se elevaban hacía el techo, siendo iluminados por los amplios ventanales que permitían la entrada de la luz natural. Pero la tranquilidad de la visión terminó; una luz roja amarillenta apareció a lo lejos, junto a una masa de chillonas criaturas. El demonio combatía fieramente y acorralaba a la pequeña compañía que lideraba Balin en Moria, sin propósito conocido. Luego, el entorno cambió. L a gran laguna de Khaled Zharam se ceñía sobre los ojos de Balin, y un fuerte ruido azotó a su oído. Su visión se oscureció y cayó al suelo golpeándose fuertemente, al mismo tiempo que perdía el equilibro y caía del espejo, terminando así la visión.

-Qué extraño todo eso… todo parecía tan real- dijo levantándose Balin.
-¿Viste cosas buenas o cosas malas, querido Balin?- pregunto Galadriel.
-La verdad no sé realmente si las cosas que vi me favorecen a no… si es que llegan a ser verdad- dijo Balin un poco intrigado. -¡Ay, por Ilúvatar!- dijo Balin saltando- ¡Mi hermano!, tengo que ir a salvarlo. ¡Adiós señora elfa, muchas gracias por todo!- y diciendo esto, Balin salió corriendo a través del bosque, en dirección al valle de Azanulbizar, en donde la gran batalla aún continuaba, y en donde su hermano lo esperaba con confianza.
-Presiento que lo que Balin vio será cumplido- lamentablemente, no le favorece para nada…- y diciendo esto, Galadriel se retiró, en dirección al antiguo Mallorn, para reunirse con Celeborn.
La dama elfa subió la escalera del antiguo Mallorn y se encontró con su esposo, que un poco rabioso le preguntó: -¿Y tú porque te demoraste tanto con ese enano?- dijo el elfo poniéndose rojo.
-Nada, me pidió que le dejara ver su futuro en mi espejo, nada más… Celeborn, ¿tu estarías dispuesto a ayudar a esos pobres enanos? Veo que la batalla es muy cruenta, y que los orcos lograrán vencerlo en poco tiempo si no le brindamos nuestra ayuda.
-¡No!, no tengo ganas de simpatizar con los enanos, aunque muy necesitados estén.
-Que irreverente eres. Entonces yo misma le diré a Haldir que vaya con sus hombres a Azanulbizar a ayudar a los enanos- y diciendo esto, Galadriel se alejó, dirigiéndose al cuartel militar, para enviar tropas en ayuda de los enanos.
¡Galadriel, no te atrevas!- dijo enojado Celeborn- ¡Galadriel!

Abajo, en las barracas militares, Galadriel reunió a los Galadhrim, pidiéndole a su líder Haldir, que llevara todas las tropas que pudiera a Azanulbizar, para ayudar a los enanos, porque a pesar de las diferencias que tiene con los elfos, son los dos pueblos libres de la Tierra Media y necesitan ayudarse.

-Claro mi señora- dijo Haldir- mis tropas y yo partiremos inmediatamente al gran valle frente a las puertas de Moria- Y diciendo esto, un ejército de seiscientos elfos partió en ayuda de los cada vez más vulnerables enanos.

Saliendo del bosque, Balin corría con todas sus fuerzas. El tiempo corría y solo cuarentaicinco minutos le quedaban a su hermano para que se le aplicara el athelas en la herida de la envenenada flecha. El enano corrió unos cuantos kilómetros en dirección norte, divisando el gran valle después de unos minutos. El ruido de la cruenta y sangrienta batalla era oíble desde varios metros de distancia. La sonrisa aparecía en la cara de Balin. Solo cien metros más y llegaba a la tienda de la enfermería. Pero su sonrisa se vio agobiada rápidamente. Las llamas consumían el campamento, y los orco s invadían el lugar. Los flancos enanos habían colapsado, y la gran fuerza orca colapsó las murallas enanas y provocó el rompimiento de las filas que tanto habían durado.

-¡¿Pero qué?!- dijo Balin sorprendido- ¡Nos están aplastando!
A lo lejos, un gran orco se ceñía sobre una gran roca.
-¡Avancen ejércitos del mal!- gritaba fuertemente- ¡Destruyan y maten todo a su paso!- gritaba el diabólico Azog. Las tiendas enanas volaban por los aires. Los trolls de las cavernas eran un equipo de demolición viviente, que arrasaba con todo a su paso. La tienda de la enfermería estaba al sur oeste del campamento. Ese sector aún seguía intacto, pero los orcos no demorarían nada en llegar al lugar, y lo peor. Un troll de las cavernas iba en dirección al lugar en donde se encontraba el moribundo hermano de Balin.
-¡Ahhh!- grito asustado Balin -¡No permitiré que ese troll aniquile a mi hermano!
Y diciendo esto, guardo el athelas en una bolsa de su cinturón, saco su gran hacha a dos manos, y arrasando con todo orco que se le pusiera en frente, comenzó a avanzar en dirección a la enfermería.

El sentimiento por su hermano lo hacía golpear y correr cada vez más fuerte. Diez minutos separaban a su hermano de la muerte. El troll se acercaba cada vez más y más a la tienda, pero el valiente Balin llegó para interceptarlo justo a tiempo. El troll enfurecido porque bloquearon su camino, comenzó a lanzar mazazos al aire, sin usar ninguna técnica, echando su suerte al azar. El hábil enano, aunque más pequeño, era más inteligente. Atacó al troll por debajo, dándole un fuerte hachazo en el sector abdominal, provocando un gran corte, por el cual brotaban las entrañas de moribundo troll. Con un solo golpe, Balin, hijo de Fundin, eliminó a su primera presa grande.

-Y yo pensaba que era más difícil matar a una de estas criaturas- dijo Balin mirando el desangrado cadáver. Pero ahora venía lo peor. Balin vio al frente suyo una cantidad muy superior de orcos, acompañados por dos macizos trolls, que venían dispuestos y decididos a eliminar al enano.
-Ahora sí que no está Dwalin para salvarme- y tomando fuertemente su hacha, corrió cargando en dirección a la fuerza orca. Pero Balin alcanzó a aniquilar a un orco cuando una gran andanada de flechas provenientes del norte aniquilo al pequeño escuadrón orco. Haldir y los Galadhrim habían llegado. Las flechas élficas causaban estragos en el ejército orco, que fue aniquilado rápidamente, provocando la retirada definitiva de los orcos y sufrida pero merecida victoria de los enanos.
-Creo que tengo la oportunidad de ver una de las escenas más bellas de la historia de la Tierra Media- dijo Balin mirando como Thráin II le agradecía a Haldir estrechándole la mano fuertemente. -¡Mi hermano!

Balin entro a la intacta tienda de la enfermería y le entregó el athelas al médico, quién posó a planta en la herida del joven enano, que luego de entrar en contacto con la curativa especia, cayó en un sueño profundo, efecto del athelas, lo que le permitiría descansar luego de haber estado al borde de la muerte.

-¿Va a vivir, cierto?- preguntó Balin mirando al enfermero.
-Sí, afortunadamente, sí… llegaste justo a tiempo Balin- y diciendo esto, se retiró de la tienda, dejando a Balin y a Dwalin solos.


Capítulo IV: Un Funeral Digno De Un Enano

El gran valle de Azanulbizar, frente a las imponentes puertas orientales de Moria, se vestía de luto, tapado por cadáveres luego de la sangrienta batalla que definió la larga guerra de los enanos con los orcos. Tres cuartos de ejército enano se habían perdido en la dura batalla. El ejército orco, retirado debido a las fuerzas de refuerzo elfas, se reagrupaba dentro de Khazad Dum, esperando logran contrarrestar el inesperado resultado que se provocó. Azog, muy cansado luego de 6 horas de batalla, lideraba los dos mil orcos que quedaban. Náin, el gran héroe y líder del flanco izquierdo, avanzó osadamente a las puertas de Moria junto a su hijo Dáin. Llegando a los imponentes portones de Moria, Náin retó a duelo singular al rey orco. Las puertas de Moria se habrían de nuevo, saliendo el malvado orco junto a su guardia de élite. La batalla personal comenzó. Dáin solamente se resignaba a mirar, siendo reprimió por su padre frente a cualquier movimiento agresivo. El rápido y ágil Azog logró aniquilar sin mayor dificultad al agotado enano Náin, dejando a Dáin con una cara de pánico y de sorpresa. El hijo del fallecido enano, atacó a Azog, hiriéndole la pierna y un brazo, provocándole un dolor muy fuerte, pero sin llegar a matarlo.
Un cuerno orco sonó retumbando en las montañas…la restante fuerza orca salió al contraataque. Dáin se retiró rápidamente, arrastrando el cuerpo de su padre para que no fuera mutilado y reagrupándose con los enanos que miraron aterrados a los orcos que se acercaban velozmente. Los elfos ya se habían ido; los mil doscientos cincuenta enanos restantes se alistaban para recibir la oleada orca. A lo lejos Balin escuchaba los chillidos de los feroces orcos, y dejando a su hermano al cuidado del enfermero, tomó su hacha a dos manos y partió a enfrentar la batalla.

-¡Al fin podré participar en mi primera batalla de gran escala!- gritaba Balin contento mientras corría en dirección al lugar del combate.

Dáin quedó a cargo de lo que quedaba del flanco izquierdo. Los orcos llegaron violentamente a las posiciones enanas, pero fueron repelidos por los enanos rápidamente, y siendo atacados por los enanos del sector trasero, siendo aniquilados muchos de los orcos sobrevivientes a la primera y más larga parte de la batalla. Thráin II luchaba como nuevo, no demostraba cansancio y abatía a una cantidad de orcos inimaginable. Balin peleaba valientemente junto a su padre, Fundin, quien se encontraba muy cansado, usando un arco enano, cargando carcaj lleno de flechas. Balin luchaba hábilmente, abatiendo a todo orco que se le pasaba por enfrente y sin recibir rasguño alguno. Su padre, se alejó un poco usando su arco, abatiendo muchos orcos. Pero el cansancio le estaba empezando a pasar una mala jugada. Un orco le arrebato su arco y el pobre y viejo enano, indefenso, cayó al suelo apoyándose con sus manos en el rocoso suelo. El gran orco que estaba algo malherido y empapado en sangre se preparaba para dar la estocada final. Era el mismísimo Azog, que malherido y cansado se encontraba luego de la batalla con Náin y Dáin. Pero de pronto, Balin apareció por atrás del líder orco, con la intención de finiquitar lo que había comenzado Dáin hace un momento, y levantando con fuerza su hacha, hizo que el hierro enano penetrara la oscura carne de la espalda del líder orco, cortándole la columna vertebral y provocándole la muerte instantánea, salvando así la vida de su padre. O al menos, así lo creía. Fundin yacía sin vida tirado en el suelo, con una espada atravesándolo de lado a lado, horizontalmente.

Balin quedó sorprendido con la macabra visión. Su padre, con el cual había vivido toda su vida hasta ahora, había dejado de existir. El enano quedó paralizado. No sabía qué hacer. Se arrodilló y tomando el cuerpo de su querido padre gritó a los aires.

-¡Noooooooooo!- exclamó el enano soltando una lágrima. Era primera vez que Balin lloraba. Su padre había partido, pero al menos su hermano estaba sanando y el responsable de este terrible acontecimiento yacía cuatro metros alejado de la triste escena, con la columna completamente quebrada, con las vísceras brotando por el certero corte, y cubierto por su misma sangre.
-Al menos tu muerte fue vengada rápidamente, padre- dijo Balin, rompiendo en llanto en el cuerpo de su padre. Thráin II apareció apreciando la tristeza del enano. Fundin era uno de sus más fieles colaboradores.
-Es una gran pérdida- dijo Thráin II mirando el cuerpo – le haremos un funeral digno de un Señor Enano de Erebor. Los funerales enanos que se acostumbraban a realizar en las montaña solitaria, eran realizados en una gran pila de madera con paja, en donde el héroe difundo era quemado junto a su arma y joya preferida.
Dos señores enanos habían partido pelando valientemente. Náin y Fundin, a los dos se les rendirían honores militares cayendo la noche, frente a las puertas de Khazad Dum y a un lado de la laguna de Kheled-Zaram.
-Qué lástima Dáin… lo siento mucho- dijo Balin dándole una palmada en la espalda al joven enano.
-Yo también siento mucho lo de tu padre. Lo que más rabia me da es que a nuestros padres lo mató el mismo orco… Pero por suerte ya están vengados y ojalá descansen en paz- dijo Dáin.

Las pilas de madera estaban listas. Los cuerpos de los difuntos señores se posaban sobre la paja, esperando para arder. Al lado de Fundin, se encontraba su hacha a dos manos, que era un regalo de Glóin, un primo suyo. Su joya preferida era el rubí, muy preciado en toda la Tierra Media, se encontraba una piedra al lado del difunto enano.
Por el lado de Náin, se encontraban sus hachas de Mithril, fabricadas por el mismo durante su estancia en las Colinas de Hierro. A su lado yacía también una joya muy brillante, de color verde. La esmeralda se posaba al lado del héroe enano. Los hijos de los difuntos héroes portaban las antorchas que provocarían el incendio. Balin y Dáin esperaban debajo de las pilas de madera, ansiosos por encenderlas, invadidos por la tristeza. Dwalin no podía estar ahí, ya que la cura le provoco un sueño profundo… el hermano de Balin aún no se enteraba de la terrible noticia, ya que no despertaba desde que la flecha lo impactó, cayendo de la torre del guardia y golpeándose la cabeza.
Afuera, los enanos sobrevivientes a la batalla se reunían alrededor del sector del funeral. Los hijos de los fallecidos encendieron la pila, que poco a poco se iba encendiendo, llegando las llamas en pocos minutos al tope, incinerando el cuerpo de los enanos, sus armas, y sus joyas.
Balin rompió en llanto, al igual que Dáin.

-Qué lástima que nuestros padres hayan partido siendo nosotros tan jóvenes- exclamó Balin mirando la pila funeraria de su padre.
-Si… lamentablemente… que lástima que tu hermano no esté aquí, es un momento muy especial- dijo Dáin.
-¡Mi hermano!- exclamó Balin abriendo los ojos -¡Mi hermano no tiene idea de lo que paso!... ¡no sabe que papá murió, no sabe que ganamos la batalla y que la guerra acabó!- dijo Balin.
-Uf, que situación más complicada. Sera un golpe muy fuerte para el- dijo Dáin.
-Si… yo le prometí que volveríamos todos juntos a casa… creo que esa promesa no podrá ser cumplida- dijo Balin un poco entristecido.

De pronto Thráin II apareció al lado de los dos jóvenes enanos.

-Lo siento mucho… de verdad, mis más sinceras condolencias- dijo el rey dándole una palmada en la espalda a cada uno, como signo de confianza. Luego de eso, se acercó a las dos pilas ardiendo, y lanzándoles un poco de agua, les encomendó las almas de los fallecidos a los Valar, y en la oscuridad de la noche y las pilas de madera ardiendo, Dáin y Balin se retiraron a sus respectivas tiendas, intentando dejar de lado la tragedia que les sobrevino ese día. Dwalin seguía durmiendo profundamente. El campamento se tiñó de negro, las cenizas aun calentaban un poco las manos de los enanos que hacían guardia, y el silencio reinaba a través de cada una de las tiendas de los enanos.
Dwalin despertó en el medio de la noche. Sentía el olor a madera quemada, pero pensó que era efecto de la batalla, ya que como nació en las Tierras Brunas, nunca apreció un funeral al estilo de Erebor. Se levantó de la camilla, y sintió un fuerte y agudo dolor en su zona abdominal. Miro su panza, y viendo que tenía una venda, exclamó:

-¡Qué diablos me pasó!- dijo intentado retirarse la venda -¿Porqué estoy herido, que tal está la batalla?-
-Una flecha orca envenenada te tuvo al borde de la muerte Dwalin… la batalla ya se ganó, y la guerra terminó junto con este sangriento combate- dijo Balin, que le estaba haciendo compañía a su hermano, sentado en una banca de madera y fumando una pipa.
-¡Flecha orca!-exclamó- No recuerdo nada… y que tal la batalla hermano, ¿te gustó la experiencia?- le preguntó Dwalin volviendo a tenderse en la camilla.
-No pude pelear la batalla completa. Sólo pude pelear la parte final, y el contraataque de los orcos. Maté a Azog- dijo Balin expulsando el humo del tabaco de su boca.
-¿Por qué no pudiste pelear, que ocurrió?- dijo Dwalin extrañado.
-Me dediqué a otra cosa más importante. El médico me dijo que tú sólo te salvarías si se te aplicaba la planta llamada athelas, en la herida. Así que partí a buscar la planta hasta los límites de Lothlórien, llegando incluso a entrar al bosque… en todo caso, gracias a Galadriel conseguí la planta curativa… y de vuelta, se la entregué al médico, que te la aplicó, te salvó la vida, y mientras tu dormía, la batalla transcurría en medio del campamento- explicó Balin. -¡Me salvaste la vida!- dijo Dwalin sobresaltado – gracias hermano, veo que me devolviste el favor- dijo sonriendo.
-Jejeje, no es un favor devuelto, es mi deber- dijo Balin apagando la pipa.
-¿Y papá?... ¿Dónde está papá? Debería estar aquí contigo.
Balin se quedo mirando al suelo. Luego de unos segundos, levantó la vista y miró a su hermano, cruzando los brazos. -Papá… papá falleció peleando, Dwalin- dijo Balin seriamente.

Dwalin quedó atónito. No podía creer lo que su hermano le decía.

-¿Murió?... ¿Cómo, cuando, quién? – dijo Dwalin entristecido y tartamudeando.
-Azog lo mató, cuando papá estaba ya muy cansado. No alcancé a salvarlo, pero lo vengué inmediatamente- dijo Balin.

Dwalin se quedó en silencio. Se dio vuelta en la camilla, y con un tono amable y sincero, le pidió a Balin que por favor lo dejara solo.
Balin salió de la tienda de la enfermería, y con paso seguro, pero lento se dirigió a su tienda, a descansar. Dwalin se quedó solo, meditando y fumando su pipa. El pobre y joven hermano de Balin no podía creer por lo que estaba pasado. No puedo aprovechar a su padre como habría deseado, y para peor, se había perdido el simbólico y afectivo funeral de su progenitor. Le costó quedarse dormido de vuelta. Pasaba dándose vueltas en la camilla, desarmando la cama y sofocándose por el intenso calor de la noche.
Afuera, los enanos recogían los cadáveres de sus amigos, compañeros. A la vez recogían los cadáveres de los orcos, tomándolos como trofeos, y despojándolos de sus armas, armaduras, cascos.
Balin ayudaba en esta tarea, recogiendo las cosas junto a su amigo Dáin, en un extenso pedazo de terreno, con mucho trabajo por delante.

-Estoy muy cansado después de la batalla- dijo Dáin- no se para qué recogemos estas cosas, son tan feas y toscas, no combinas con nuestros uniformes y armas…- reclamaba Dáin.
-Recogemos estas cosas para fundirlas amigo, reciclamos el hierro de estas armas y armaduras para fabricar cosas nuevas para nosotros- dijo Balin despojando de su armadura a un pequeño orco- Si estas cansado vete a descansar, yo luche con suerte cinco minutos y tengo energía para poder seguir toda la noche con este labor-
-Está bien- dijo Dáin pasándole una espada orca a Balin –cualquier cosa me avisas y vendré a ayudarte- y diciendo esto, Dáin se alejó, dejando a Balin solo encargado de un sector recogiendo armas, armaduras, y lo mas macabro: los cadáveres de sus compañeros.

Muchos enanos fallecieron en la batalla. Tres cuartos de ejército se perdieron pero el sacrificio valió la pena. La guerra había terminado, y ahora mientras amanecía en Azanulbizar, los enanos se iban preparando para separarse después de muchos años juntos, separando sus rumbos, y volviendo a sus hogares.



Comentarios  
Lord_friki0
#1 Lord_friki0 19-03-2010 09:44
muy bien escrito
espero la segunda parte k seguro k tamien estara bien
elforamon
#2 elforamon 21-03-2011 06:01
Esta bien ,yo no lo podría haber hecho mejor.

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