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Escrito por Akane   
sábado, 07 de mayo de 2005
Relato

Léod corría y corría; no podía dejar de correr. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que dejó atrás el humo de la destrucción de su aldea, no sabía si lo perseguían y no sabía qué había ocurrido con toda su gente. Dirigía todas sus fuerzas a sus doloridas piernas, pero de hecho no sentía dolor alguno, pues era tal el terror que lo dominaba que apenas podía pensar hacia dónde dirigir sus pasos.
Habían pasado cerca de tres horas, y seguía avanzando, ahora mucho más lentamente. Ya no sentía nada, ni veía nada, ni pensaba en nada. La oscuridad de la noche había devorado los extensos campos y el silencio era sobrecogedor. Léod finalmente tropezó con una piedra y cayó sobre el pasto, pero no se movió.

Al alba los primeros rayos de sol lo despertaron. Lentamente se incorporó mientras observaba con atención todo cuanto le alcanzaba la vista; no había ni un signo de vida...



L
éod corría y corría; no podía dejar de correr. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que dejó atrás el humo de la destrucción de su aldea, no sabía si lo perseguían y no sabía qué había ocurrido con toda su gente. Dirigía todas sus fuerzas a sus doloridas piernas, pero de hecho no sentía dolor alguno, pues era tal el terror que lo dominaba que apenas podía pensar hacia dónde dirigir sus pasos.
Habían pasado cerca de tres horas, y seguía avanzando, ahora mucho más lentamente. Ya no sentía nada, ni veía nada, ni pensaba en nada. La oscuridad de la noche había devorado los extensos campos y el silencio era sobrecogedor. Léod finalmente tropezó con una piedra y cayó sobre el pasto, pero no se movió.

Al alba los primeros rayos de sol lo despertaron. Lentamente se incorporó mientras observaba con atención todo cuanto le alcanzaba la vista; no había ni un signo de vida. Notó que le dolía la cabeza, y sobretodo las piernas; los pies le ardían. Entonces recordó con excesiva claridad todo lo que había ocurrido el día anterior y de nuevo tuvo miedo. Pero por encima del miedo otros sentimientos se apoderaron del joven: la angustia y el dolor de quien ha visto cómo han masacrado a toda su familia.
Léod apenas contaba con quince años, y toda su vida la había dedicado a ayudar a su familia y al resto de habitantes de su pequeño poblado, cerca de las Montañas Blancas en el Folde Este de la Marca. Su principal ocupación había sido el cultivo de cereales y también contaban con un no muy numeroso número de cabezas de ganado. No eran una población muy grande, y aunque rara vez habían tenido problemas los hombres más jóvenes siempre habían mantenido su hogar a salvo de cualquier ataque, y Léod nunca sospechó que en aquellos tiempos el peligro estaba tan cerca. La verdad es que su aldea era notablemente reducida, a pesar de que, a excepción de Edoras, Rohan no contaba con grandes ciudades, y pasaba casi inadvertida en medio de las vastas llanuras. Pero ya el influjo de la Mano de Saruman se extendía con gran poder, y nada pudieron hacer los pocos jinetes y guerreros cuando un grupo de orcos llegó arrasando sin piedad con todo lo que encontraban a su paso.
Léod estaba en el momento del ataque un poco alejado, pues le gustaba pasear por aquellas hermosas tierras; cuando pudo ver lo que estaba ocurriendo sintió un pavor terrible que le paralizó totalmente, y lo único que pudo hacer fue contemplar impotente cómo su gente era masacrada. Así permaneció varios minutos hasta que una mujer, hermana de su madre, llegó corriendo y gritando hasta unos pocos metros de donde él se encontraba; se fijó en que le faltaba la mitad de un brazo y estaba cubierta de sangre. Antes de que pudiera siquiera pensar en hacer algo, una flecha le atravesó el pecho, y otra atravesó la cara de la pobre mujer. Fue en ese momento cuando Léod echó a correr como no lo había hecho en su corta vida, y no miró atrás, y ya nunca más volvió a ver su poblado.

Mientras recordaba todo esto, los ojos se le llenaron de lágrimas; no podía comprender qué había pasado y no entendía por qué ahora se encontraba solo y perdido.
Más tarde se puso finalmente en pie y comenzó a avanzar sin rumbo, cabizbajo y con la mirada perdida. Caminó así durante varias horas, errante, sin preocuparse en nada, tenía la mente totalmente bloqueada y en ella se le repetían una y otra vez las horribles imágenes del día anterior.

El chico había vivido tan aislado del mundo que nunca se planteó tener que abandonar a su familia, y mucho menos tener que luchar contra extrañas criaturas. De vez en cuando les llegaban noticias, y había escuchado las historias de los jinetes que hablaban de malos tiempos y de seres malignos y hombres salvajes que atacaban a la gente, pero nunca le había preocupado realmente nada de eso. Además, Léod perdió a su padre años atrás, y al ser el mayor de sus hermanos ocupaba la mayor parte de su tiempo ayudando a su madre en el cultivo del trigo para poder comer cada día, y así era feliz. La guerra era algo que le sonaba a pasado, a historias que contaban los viejos para entretener a los chiquillos.

De repente algo detuvo su paso. Unos ruidos extraños no muy lejanos le sacaron de su ensimismamiento y de nuevo tuvo miedo. Avanzó lentamente y con mucha cautela, hasta que el ruido se convirtió en un gran alboroto de chillidos y golpes. Siguió avanzado agazapado y sintiendo cómo el corazón le latía con una fuerza casi dolorosa hasta que por fin vio unas figuras tras un leve montículo. Un escalofrío de terror le recorrió la columna, pero prestó atención a la escena.
A no muchos metros de su escondite, cinco orcos de pequeño tamaño se divertían torturando a una pobre bestia atada a una lanza rohirríca clavada en el suelo. Gritaban de excitación y de cruel diversión cada vez que golpeaban al animal o le rajaban la piel con sus armas.
Entonces Léod bufó. Las manos le temblaban, pero no era miedo lo que ahora sentía, sino rabia; rabia, odio y deseos de venganza. Porque aquel animal que sufría del devaneo de los orcos era un hermoso caballo gris plateado de crin blanca. Y bastó el solo hecho de ver cómo esas inmundas criaturas atormentaban a uno de los descendientes de Nahar a los que tanto amaba aún inconscientemente, para que todo el temor de Léod desapareciera; y renació en él el coraje y la bravura de los hombres de Rohan, la fuerza de los hijos de Eorl y el orgullo de la Casa de Brego. Y fue en ese instante cuando se percató de que llevaba la vieja espada de su padre, pues desde que murió la portaba como si se tratara de parte de su vestimenta. Y entonces se levantó lleno de ira, desenvainó su arma como si fuera un experimentado guerrero y corrió hacia los siervos de Saruman. Apenas les dio tiempo a verlo venir y a apartarse de su embestida, pero uno de ellos lo último que vio en vida fue el brillo de la desgastada hoja antes de rebanarle la garganta.
Y así, con una velocidad que aturdió a los sobresaltados orcos, atravesó el pecho del segundo, que se encontraba desarmado tras haber clavado su lanza en una pata del caballo. Los otros tres gritaron de rabia y se lanzaron al ataque, pero Léod les ganó en destreza y pronto la hierba de la zona se llenó de salpicaduras de sangre oscura. Finalmente, sólo uno de los orcos quedaba en pie, y miró al joven eóthéod con un odio desgarrador antes de precipitar su tosca espada sobre él. Léod pudo apartarse a tiempo, aunque el orco le rasgó la ropa del brazo izquierdo, que comenzó a sangrar. El dolor físico se sumó a la sed de venganza que lo devoraba; lanzó un grito terrible y se abalanzó contra su rival, amputándole los brazos y asestándole varias estocadas hasta que se formó un pequeño charco de sangre a sus pies; al fin, la hoja apareció en el último golpe por la espala del orco y éste calló al suelo.

Léod permaneció algunos minutos sin moverse, aún apretando con fuerza la empuñadura de su chorreante espada. Fue el relincho del animal que empezaba a calmarse lo que le hizo reaccionar. Se dirigió con cuidado hacia el caballo y guardó su espada para no asustarle más. Pero este era ya un animal curtido que había recorrido muchas millas con su jinete, ahora muerto, y perdió el miedo ante la nobleza que ahora desprendía el joven. Léod acarició con suavidad su frente y observó las heridas que tenía. Afortunadamente había llegado a tiempo y sólo parecía de gravedad un corte profundo en una de las patas traseras; se arrancó un trozo de su camisa y lo ató con fuerza, y luego hizo lo mismo en su propio brazo. Desató al caballo y tomó sus riendas para alejarse un poco del lugar. Se detuvieron y observó unos instantes la inmensidad de aquella llanura, en ilusoria calma. Pero pronto descubrió un rastro de humo en lontananza y con decisión montó sobre su nuevo compañero para dirigirse hacia allí al galope.
Pronto lo único que podía verse de ellos era una silueta con el brillo del cabello rubio del jinete y de la crin refulgente de su montura; y así desaparecieron en el horizonte.

 

Comentarios
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Primer relato
Eorlinga (80.58.1.46) 20-05-2005 13:41:09

Felicidades Akane.

Que fuerza tiene la narración, en tan pocas palabras has recogido la aventura, la acción la novela de fantasía...

Estoy sorprendido, te digo lo mismo que a undrin, no sé si estos relatos estaban ya en la antigua página de LGDA, pero ha sido todo un decubrimiento.

Enhorabuena.
me a gustado mucho
the_offspring (80.58.21.235) 04-06-2005 01:02:10

es muy bueno,me a tenido sin sacar la vista del ordenador hasta termina de leerlo,es muy posible que lo incluya en mi suplemento de la guerra de rohan que estoy haciendo junto con dkalvofingolfin,clar
o esta,siempre con tu permiso,si te interesa la idea contacta conmigo o dkalvofingolfin el el foro discudion general en el post suplemento no oficia.la guerra de rohan
Argonath (81.61.211.163) 01-07-2005 14:24:13

De verdad, esta narracion es muy buena, pocas he leido asi. :)
Lord Malus (81.32.246.82) 11-10-2005 23:20:53

Ha sido estupendo, lo único malo esque se me ha hecho corto ;)
sigue asi
gammelin (80.58.38.107) 26-11-2005 18:54:45

Solo me keda decir ke si dispones de tiempo suficiente t dedikes a aumentar este relato las aventuras de léod podrian ser bastante mas largas y ello haria ke kontinuaras kon muchisimos mas relatos bueno enhorabuena ah y todos los escritores han tenido una primera vez agur :grin
avatar
Capitan_de_Minas_Tirith (Registered) 10-06-2009 22:21:02

esta muy bueno te a quedado genial!! No me gustó el final... pero no importa!!
Síguelo!!
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